Diego Urdiales, el toreo de toda la vida

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05 de octubre de 2014 | Escrito por Esther Arribas González | Fotografías de Constante

Cuarta y última corrida de la Feria de Otoño. Corrida de toros.

6 Toros de Adolfo Martín de procedencia Albaserrada, terciados en líneas generales, alguno, aun teniendo en cuenta el encaste, demasiado chico.3º y 4º cinqueños, 2º cornipaso y noble, 1º más en saltillo, el 6º más feo y un 5º bis sobrero del Puerto de San Lorenzo que sustituyó al titular que se lesionó de salida al acudir a un burladero.


Uceda Leal de rioja y oro. Pinchazo y estocada. Silencio. Estocada trasera. Pitos.

Diego Urdiales de pizarra y oro. Estocada entera. Oreja. Estocada y dos descabellos. Silencio.

Serafin Marin de purisima y oro. Estocada entera. Silencio. Estocada entera. Oreja.


Presidencia: D. Justo Polo Ramos. Sin complicaciones. Quizá muy blandito y poco exigente al conceder la oreja a Serafín Marín, no había suficiente mayoría desde mi criterio, aunque como siempre se ha dicho, una estocada es una oreja, y la de Serafín fue de premio.

Suerte de varas: Muy mal. Se picó en demasía y mal, vamos como siempre, cuando se anuncian corridas de este encaste los picadores nunca atinan, que si atrás, que si en una paletilla. Es cierto que no hubo ningún toro que brillase en exceso, pues alguno se colocó en suerte, se esperó a su reacción y salió suelto sin querer lucha con el varilarguero.

Cuadrillas y otros: Antoñares de la cuadrilla de Uceda Leal fue cogido de manera fea, sin consecuencias. Lleno en tarde de temperatura agradable.


Cuando una sueña con presenciar la resurrección del toreo clásico, el toreo puro y despacio. Ese sabor añejo con tanta naturalidad que desata torería en cada movimiento, lo he presenciado hoy con un torero, con Diego Urdiales, ¡qué lección ha dado el torero riojano en el ruedo venteño! ¡qué manera de torear con la izquierda, cargando la suerte, con la pierna adelantada y rematando atrás y en redondo! han sido unos naturales interminables, llenos de inteligencia y gallardía que los que hemos tenido la suerte de contemplarlo en directo, nos perdurarán para mucho tiempo. Parecía otra época, el ver citar al toro, dándole el pecho, adelantando la muleta, engancharlo en el hocico, llevarlo templado y muy despacito y rematar cuando se ha girado el toro por el cuerpo…eso es el toreo de toda la vida, el toreo clásico, el toreo de verdad.

Quien quiera ser torero, y el que se crea figura actual, dígase Perera, Juli, Manzanares y demás deben ver esta faena y con el mínimo de ofensa, aprender. En primer lugar, en la colocación que se debe alcanzar para el primer muletazo y para quedarse para ligar la tanda, luego en la verticalidad y naturalidad con que hay que torear a base de espontaneidad, sin escorzos y sin venir con la faena aprendida de casita, si todo esto es posible, esto procova una emoción y una admiración en el tendido comparable a pocas cosas en la vida de un aficionado a los toros. Me recordó a los videos que he visto de Ordoñez, Manolo Vázquez, Antoñete, Curro Vázquez, Yiyo. Enloquecimos con tres naturales soberbios con la plaza puesta en pie y entregada a un torero que es diferente y natural como debe ser el toreo. Mató a su enemigo, un adolfo exageradamente cornipaso de un volapié muy eficaz, cortando una oreja de ley, de las que pesan y de las que le dejan en buen hueco para la temporada que viene. Una pena que no pudiera redondear la tarde ni abrir esa puerta grande que se le resiste, pues el toro de adolfo que le correspondió, se lesionó y en su lugar salió un zambombo de más de 600 kilogramos del Puerto de San Lorenzo que manseó y que no le permitió el lucimiento.

Uceda Leal recibió de capote a su primero, recitándole unas buenas verónicas rematándole con una monumental media. Empezó la faena doblándose y parecía que podía aguantar el morlaco pero pronto se vino a menos. En el cuarto, era uno de esos toros que salen a esta ganadería, complicado, buscón y Uceda que no quería líos le despachó, como pudo, porque esta tarde no era la suya con la espada, de hecho, llamó la atención al respetable que tanto Urdiales como sobre todo, Serafín despacharan a sus respectivos toros con buenas estocadas mientras que Uceda no lo veía claro.

Serafín Marín no se acopló con su primero, otro toro complicado no sobrado de fuerza que le puso las cosas difíciles, pues el toro no pasaba se quedaba a medio muletazo y así es muy difícil, no obstante, el torero catalán lo mató de una soberbia estocada. En el sexto Serafín se vino arriba, como los buenos toros y a pesar de que apenas torea no se le notó falta de oficio, y con su estilo supo sacar lo que tenía el toro, que tampoco era mucho, pero a base de coraje y valor iba sacando muletazos, alguno limpio, que proporcionaron la ovación del respetable. Otra vez se colocó para la suerte suprema en corto y por derecho y, haciendo perfectamente la cruz, propinó una estocada hasta los gavilanes que provocó el levantamiento de los aficionados que pedían trofeo con pañuelo blanco en mano. Oreja para Serafín, sensibilidad del palco con un torero que torea poco y que ha luchado por defender este mundo desde su tierra. Reconocimiento.

La tarde fue de Urdiales, de Diego, de un Torero que sabe aclimatarse ante cualquier rival, un profesional con mayúsculas. Demostró que para torear bien, sólo hace falta naturalidad y torería y cumplir los cánones del toreo, parar mandar y templar y como añadiría Domingo Ortega, cargar la suerte. Gracias Torero.

 

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