Dos toros para soñar el toreo

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16 Mayo 2009 | Escrito por Luís Esteban

Corrida de toros. Se lidiaron seis toros de José Escolar, desiguales de tipo y presencia. Con trapío salvo segundo, que se tapaba por la cara y tercero, de bonitas hechuras pero algo chico. Resultaron también desiguales de comportamiento. Destacaron tercero y sexto, extraordinarios por nobles y encastados. Duro y con casta el primero; muy flojo y pastueño el segundo; soso y complicado el cuarto; manso y rajado el quinto.


Rafaelillo: de azul marino y oro. Estocada atravesada y cuatro descabellos (división al saludar tras aviso). Estocada caída (silencio).

Fernando Robleño: de grana y oro. Estocada delantera y caída (silencio). Pinchazo y bajonazo (silencio).

Sánchez Vara: de blanco y oro. Estocada y descabello (silencio). Estocada desprendida (leves pitos).


Presidencia, incidencias y otros: Lleno en tarde soleada. Molestó el viento. Presidió Julio Martínez, sin mayores complicaciones. No destacó ningún hombre de plata y los picadores señalaron, en la mayoría de los casos, trasero. Salvo al segundo de la tarde, se le pegó de verdad a toda la corrida.


Volvían a Madrid los albaserradas de Escolar, rodeados de expectación entre los aficionados, tras su ausencia el pasado año. Dicha temporada fue, quizá, la mas exitosa en la historia reciente de esta ganadería, pues triunfó allí donde lidió, subiendo mas aún su cartel entre la afición. La corrida de hoy, sin ser la mejor que ha lidiado en este coso, no ha decepcionado a nadie.

En estos tiempos difíciles que corren, que embistan de verdad dos toros es casi un milagro. Pero que salgan y se vayan al desolladero como salieron es una lástima, por no utilizar otros términos. En la tarde de hoy se produjo el milagro y saltaron al ruedo dos astados, sencillamente, extraordinarios. Y se fueron sin torear.

Dichos ejemplares fueron tercero y sexto. Ambos hicieron gala de una encastada nobleza. Con más motor y picante el tercero (el toro de la feria hasta el momento) y más templado y humillando mucho el sexto. Un lote de ensueño, para soñar el toreo y encumbrar a su matador. En cambio, lo de Sánchez Vara, fue más bien una pesadilla. Ninguno merecía el trato que les dio. Es este, un torero que tiene su circuito por los pueblos, especialmente en su tierra natal, Guadalajara. Cada vez que sale de él y se anuncia en plazas de más responsabilidad, se estrella con estrépito. Seguramente en alguna de las plazas de su circuito, hoy hubiera salido triunfador absoluto, cortando los máximos trofeos en ambos, pero Madrid es otra cosa. Aquí hay que torear y más si, como en este caso, te embisten los toros de la forma en que lo han hecho hoy. Él, en cambio, se limitó, sencillamente, a dar muletazos por aquí y por allí, siempre mal colocado, embarcando con el pico de la muleta y destoreando continuamente. Tuvo la oportunidad de su vida y la desperdició. Todavía se recuerda aquel toro de Palha que también cayó en sus manos y corrió la misma suerte que los de hoy. En casos como el de este espada, que te salga un toro así, más que suerte, es desgracia. Lo mejor es que siga por los pueblos y no salga de allí.

La corrida de Escolar fue desigual de todo. De diferentes hechuras, con toros serios y otros mas chicos, como el tercero. Hubo, además de los dos ejemplares mencionados, otro toro de gran interés, que fue el primero. Recibió tres puyazos a ley, y desarrolló casta, con las complicaciones que ello conlleva. El lote de Robleño no valió nada y el cuarto toro, con sus complicaciones, resultó demasiado soso.

Rafaelillo, tuvo una buena actuación con el primero de la tarde. Firme y valiente, como es habitual en este pequeño torero murciano, que siempre da la cara en cada tarde. Al final, a base de arriesgar, consiguió dos buenas tandas de derechazos, con un muletazo cumbre en una de ellas, por largo y templado. Cuando parecía que podía ser de triunfo, el toro desarrolló sentido y no pudo tener el trasteo la continuidad deseada. Ante el cuarto, le faltó poner lo que le faltaba al toro. Éste, con sus complicaciones, resultó algo soso y no transmitía al tendido. Fue una labor anodina.

Robleño, por su parte, se llevó el peor lote de la tarde. No tiene suerte últimamente en este coso. Su primero, tenía buena condición pero careció de fuerzas, lo que le llevó a apagarse en el último tercio. Porfió y lo intentó sin que aquello dijera nada.

Con el quinto, tanto él como su cuadrilla pasaron momentos de apuro en los primeros tercios, pues el toro desarrolló peligro y mansedumbre. Comenzó la faena sometiendo al animal por abajo, aunque excediéndose en tocarle los costados. Tras ello, el de escolar se rajó estrepitosamente, buscando continuamente las tablas y sin querer pelea. El lucimiento fue imposible. Su único lunar fue el feo espadazo con el que lo despachó. Así terminó una tarde muy interesante, con dos astados de premio gordo. Y es que cuando termine la feria, a buen seguro que nos seguiremos acordando de estos dos toros de Escolar, lamentando no haberlos visto en otras manos.

 

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