El triunfalismo no puede tapar la verdad

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31 de mayo de 2015 | Escrito por Alberto Herrero | Fotografías de Constante

Cuvillo, mal presentados en general, mansos, descastados y flojos. El 5º fue devuelto por inválido y sustituido por un sobrero de Salvador Domecq impresentable para esta plaza, flojo y de nobleza infinita para la muleta.


Diego Urdiales. Estocada (silencio). Estocada atravesada, 5 descabellos -2avisos- (vuelta por su cuenta).

Sebastián Castella. Bajonazo (silencio). Bajonazo (oreja).

Alejandro Talavante. 4 pinchazos y media estocada (silencio). 2 pinchazos , media estocada y descabello (silencio).


Presidencia: Ocupó el palco D. Trinidad López Pastor. Mal por aprobar la mayoría de los toros que aparecieron por la puerta de toriles. Mal por no devolver al menos primero y segundo tan inválidos como el quinto, al que sí recogió Florito. Y mal por consentir que los tercios de varas se sucedieran como meros trámites de dos picotazos sin más, puesto que nos hurta continuamente de presenciar una lidia íntegra.

Tercio de varas y cuadrillas: Una vez más y por enésima tarde en esta Feria, la suerte de varas volvió a ser inexistente. Nadie pretende cuidarla porque a nadie parece importarle, y la corrida pasó por este tercio como pasa por un saneamiento en la finca…Parecía que estuvieran tomando muestras para analíticas, más que cumpliendo con la prueba más importante de bravura en la “Primera Plaza del Mundo”.

Entre los de a pie solo destacó Juan José Trujillo con los rehiletes en el 3º de la tarde.

Otros: Ocupó asiento en la meseta de Toriles D. Juan Carlos I, recibiendo el brindis de un toro de cada uno de los actuantes esta tarde.


Que la Fiesta anda inmersa en una preocupante caída en barrena es algo que ya venimos denunciando desde hace mucho tiempo la Afición. Que esto no lo salva ni el que lo inventó es un hecho, y aunque cada año parece que hemos tocado fondo, siempre vienen nuevos hechos a demostrarnos que aún podemos ir a peor. Este año la receta está clara, el triunfalismo barato como método de salvación. No hace mucho tiempo la Plaza de Madrid aún conservaba esa personalidad que incluso infundía cierto contagio entre los ocupantes de otras plazas del orbe taurino nacional. Ahora la tendencia ha cambiado, bien lejos de mantener esa personalidad basada en el rigor, la seriedad y el conocimiento de las reglas clásicas y eternas de la Tauromaquia, Madrid se ha poblado de público festivalero, de comportamiento provinciano y ya todo vale. Y lo malo no es eso, lo malo es que todo esto está alentado por los medios oficiales y consentido por una Autoridad cada vez más incompetente. ¿Y de la Afición que queda? Pues el recuerdo de muchos que nos enseñaron a amar este espectáculo según unas normas que a nadie parecen ya importar, el recuerdo de todos ellos que ya no nos pueden acompañar para defendernos y el recuerdo nostálgico de aquello que nos cautivó y que ya no encontramos porque todo esto se está convirtiendo en algo diferente a lo que amábamos. La receta como decía, parece pasar por el triunfalismo basado en un público pasajero, atraído por la parafernalia que rodea a la corrida, el ambiente post-festejo, el acto social en sí en que nos han convertido la Feria de San Isidro y “la marcha” que ofrece el tendido 11. Todo está muy bien pero ojo, porque luego de lo que pasa en el ruedo nadie se acuerda y quizás hacerles volver será difícil, y más cuando se den cuenta que los gin-tonics fuera de la Plaza son bastante más baratos.

Y todo esto por desgracia es lo que ha pasado hoy en Las Ventas. Ya sé que no parece una crónica taurina, pero es que tristemente esto es lo reseñable porque de lo ocurrido en el ruedo, mañana no me acordaré ni yo, y eso que he tomado notas.

¡Ah sí, que ha cortado una oreja Castella en el tercero! ¡ y el toro ha sido muy bueno… dicen! ¡Sí hombre, sí…Pues muy bien! Yo sólo he visto un animalejo impresentable para esta Plaza, por chico y por feo, donde el primer puyazo fue un mero trámite, en el segundo recibió un rasguño y salió perdiendo las manos y luego eso sí, se comportó como un colaborador dócil y franco para la faenita moderna de un torero moderno. ¿Y la emoción, y la casta, y las verdaderas condiciones que debe presentar un toro bravo…? Eso ya no importa en el toreo moderno. Porque su matador traía su faena preparada desde el hotel y el de Salvador Domecq se adaptó perfectamente al guión. Cambiado por la espalda para empezar, sucesión de muletazos siempre mal colocado y sin rematar nunca hacia la cadera, acompañar las embestidas más que mandarlas y acumular circulares desde el cuello del toro es receta segura para el éxito del triunfalismo reinante. Si para finalizar, y en medio del éxtasis generalizado recetamos un espadazo bajo, lo demás ya ocurre sólo… dejamos el gin-tonic un momentito, agitamos el pañuelo lo más alocadamente posible, vociferamos como si salieran al escenario los AC&DC y la autoridad cumple con nuestros deseos. Orejita a un toreo carente de quilates, ovación al animalito en el arrastre y las grandes plumas de la tauromaquia a loar la majestuosidad de este toreo moderno.

¿Por lo demás? Pues miren, un muestrario de torillos mal presentados, flojos, incapaces de soportar una lidia completa, tercios de varas ridículos y faenas que pasarán al olvido antes de concluir estas letras. Urdiales pasó totalmente desapercibido ante el inválido que abrió plaza y se intentó justificar ante el cuarto en terrenos del 5 ante el fervor de la concurrencia pero sin rematar una faena que acabó deslavazada y si me lo permiten, hasta bullanguera. Por cierto concluida con un sainete a espadas y según ponen mis notas con una vuelta al ruedo “porque yo lo valgo”. Porque en el triunfalismo barato todo tiene cábida.

Y Talavante pareció mostrar hoy su versión ”B”. La versión menos afortunada de este torero que le hace mostrar vulgaridad a raudales, afligiéndose ante las circunstancias y sin querer asumir mayores compromisos. Además estuvo realmente mal con la espada en los dos de su lote. En este caso no había posibilidad ni de practicar el triunfalismo pero, total a estas alturas, no importaba porque ya se había “salvado” una nueva tarde.

 

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