Fandiño, a punto del golpe definitivo

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22 de mayo 2013 | Escrito por Pedro del Cerro | Fotografías de Constante

Con algo más de tres cuartos de entrada se ha lidiado una corrida de Parladé, procedencia Juan Pedro Domecq, desigual de hechuras y bien presentada. Mansos y rajados en varas, ofrecieron juego para el triunfo muletero los toros segundo, cuarto y quinto.


MANUEL JESÚS “EL CID”: Estocada atravesada; SILENCIO. Estocada caída y tendida; SALUDOS. Pinchazo y estocada en la yema; SILENCIO.

IVÁN FANDIÑO: Pinchazo y estocada en la cruz de la que sale herido. OREJA.

DANIEL LUQUE: Estocada arriba cuarteando; SILENCIO. Estocada corta en los bajos; SILENCIO.


Presidencia: Don Julio Martínez Moreno, sin problemas.

Suerte de varas: Inexistente. O toros rajados, o toros faltos de poder, o toreros sin predisposición han contribuido para que la suerte de varas pasara completamente desapercibida.

Cuadrillas: Bien Boni en la lidia y Alcalareño con los palos con el jugado en cuarto lugar; saludaron una ovación. Bien también en banderillas Miguel Martín y Jesús Arruga con el último toro de la tarde.
Indicencias: Fandiño sufrió una cornada entrando a matar al segundo de la tarde, en la cara interna del muslo derecho, con una trayectoria ascendente de 25 centímetros que causa destrozos en músculo cuádriceps, contusiona el fémur y alcanza cara externa en tercio superior de este muslo. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia.

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Un sentimiento de rabia y desolación invadió a la afición cuando Fandiño era llevado en volandas a la enfermería por las cuadrillas, después de pasaportar a su primer y a la postre único toro de la Feria. Porque aún restaban dos citas esperadas con gran expectación, con toros de Adolfo Martín y Alcurrucén, pero la gravedad de la cogida, habiendo sufrido el matador una cornada de 25 centímetros en el muslo derecho, impedirían a Fandiño confirmar la dimensión que ha dado esta tarde. Como sabemos, Fandiño ha tenido grandísimas actuaciones en nuestra plaza que no han sido fruto de la casualidad ni la inspiración, pero hoy se puede decir, sin lugar a dudas, que ha dado un paso hacia delante que lo coloca definitivamente entre los gallos del escalafón. Hemos visto un plus que hasta hoy no se había percibido, un extra en torería, en dominar el escenario con galanura, en poderío, temple y verdad con la muleta. Y como suele acostumbrar, valor extremo en la suerte suprema, que en esta ocasión, con toda probabilidad, le costó el aplazamiento en el cetro de la torería. Habrá más ocasiones, Madrid lo espera.

Sucedió así: Fandiño ordenó a su cuadrilla castigar lo menos posible a Grosella que, como digo, fue el único ejemplar que estoquearía en este ciclo primaveral, un toro de pelo negro listón, apretado de carnes, de piel fina y acodado de cuerna. Muy centrado, atento y pulcro durante toda la lidia de capa; el toro llegó entero a la muleta, muy pronto en la arrancada, codicioso y rebrincado en sus acometidas. Fandiño comenzó la faena con un par de estatuarios combinados con unos lances de trinchera y del desprecio, todos ellos muy toreados, sin mover los pies de la arena, que rápidamente llenaron los tendidos de pasión y alegría. La faena se compuso de dos o tres tandas por cada pitón, ofreciendo al toro las distancias convenidas, en las que Fandiño logró imponerse a base de no ceder terreno y de no permitir que los constantes derrotes rozaran su muleta soberana, logrando algunos lances ceñidos en redondo de extraordinaria factura, aclamados por toda la plaza. Después de un pinchazo en buen sitio, vino la cogida desgraciada, Fandiño se disponía a salir del embroque por el costillar, pero el toro desparramó la vista, hizo presa en el muslo del torero y lo levantó por los aires. Se acabó, de inmediato fue trasladado a la enfermería y Fandiño no pudo presenciar la aclamación popular de oreja que el presidente hubo de conceder con toda justicia y su cuadrilla paseó entre vítores.

Del resto del festejo poco se puede contar. Los toros, o bien salían sueltos del castigo, o bien se les ha perdonado el mismo. Todos han adolecido de falta de codicia y fijeza para empujar en sus embestidas hasta el final, han acometido con muchas protestas y tendencia a protestar, indicio claro de falta de casta. El Cid volvió a ser el quiero y no puedo de los últimos años, bien es cierto que no pudo hacer nada con el inválido que abrió plaza, pero el cuarto merecía una faena más redonda, con más arte y nos dejó con la miel en los labios, ofreciendo una labor con muchos altibajos. El que hubo de estoquear en último lugar, perteneciente al lote de Fandiño, tuvo un comportamiento muy descastado y soso.

Daniel Luque, cuyo nombre figura nada menos que en tres tardes para San Isidro y añadidos, es un torero artificial que dice muy poco a público y aficionados, colocado siempre en los carteles de toros borreguiles, ni siquiera posee los conocimientos necesarios para imponerse al toro de casta. Fruto de ello, obtenemos un torero con decenas de comparecencias en Madrid recordándose solamente una o dos tardes de nivel aceptable. Sin embargo, seguiremos viendo con profusión a este coleta, merced a las “generosidades del sistema”. Hoy, tuvo dos toros con posibilidades, más el colorado lidiado en quinto lugar que el tercero, pero ha exhibido por enésima vez su anodino toreo repleto de precauciones y muletazos tiralíneas que poco tienen que ver con el toreo verdadero y que, como digo, la afición deberá soportar en tardes venideras. Somos unos santos.

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