Guadaria, suspenso en cuatreños

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21 Junio 2009 | Escrito por Alberto Herrero

Corrida de toros. En tarde muy calurosa, se corrieron seis toros de Guadaira de irregular presentación y decepcionante juego, muy flojos y sin casta.


Curro Díaz: (grana y oro): Pinchazo y sartenazo –silencio-. Pinchazo y estocada caída – vuelta tras petición-.

Eduardo Gallo: (Verde y oro): Estocada tendida – saludos con protestas-. Buena estocada, aviso – palmas-.

Andrés Palacios: (Grana y oro): Estocada entera, trasera y atravesada más un descabello – silencio-. Pinchazo y estocada –silencio-.


Presidencia: Presidió D. Julio Martínez demostrando una vez más su incapacidad para ocupar el palco de Las Ventas. Mantuvo en el ruedo a dos absolutos inválidos como fueron segundo y cuarto y permitió el simulacro continuo en la suerte de varas durante toda la tarde. El rigor, la seriedad y por ello la referencia que siempre ha sido la Plaza de Madrid, se resquebraja tarde tras tarde con actuaciones presidenciales como las que últimamente venimos sufriendo por parte del señor Martínez y alguno de sus compañeros de palco.

Suerte de varas: Los encuentros con los montados se desarrollaron toda la tarde como un mérito trámite. Toda la corrida fue simplemente señalada y en la mayor parte de las ocasiones de manera deficiente, con picotazos generalmente traseros y mal colocados.

Cuadrillas: De entre las cuadrillas de a pie destacó Miguel Martín en el tercio de banderillas al segundo, al igual que Luís Mariscal por el aguante y la eficacia demostrada en el sexto.


Fíjense que esta tarde le apetecía a uno ir a los toros. Ya pasado el atracón ferial, se presentaba una tarde apetecible para ir con los amigos habituales del resto de temporada. Y en el cartel Guadaira, que tan interesantes novilladas ha echado últimamente por estos lares y toreros como Curro Díaz y el ausente Eduardo Gallo. Ausente digo por la no inclusión en los carteles de feria, y ausente por desgracia también, una vez observado el resultado final del festejo. Pero eso es otra cuestión. También actuaba Andrés Palacios, diestro de finas maneras, según quieren vendernos, pero que en sus repetidas actuaciones pocas veces hemos podido apreciar. En conclusión, que todo apuntaba a que podíamos pasar una buena tarde. Pero nada más lejos de la realidad, no señor. Tampoco ha sido hoy. Un verdadero esfuerzo ha supuesto aguantar las dos horas del festejo con la calorina implacable que hemos soportado esta tarde en Madrid.

Y es que la corrida enviada por D. Manuel Cañaveral nos ha defraudado enormemente. Esperábamos más de una divisa que en sus últimas comparecencias –siempre en novilladas- nos había hecho depositar parte de las pocas esperanzas que nos quedan en el monoencaste bodeguero. Hoy se presentaba por primera vez con una corrida de toros y ha dado la de arena. Ha salido por la puerta de chiqueros una escalera de bóvidos con feas hechuras y escasa presencia. Grandón y altote el primero, feo el cuarto, muy justitos otros y de pobre presentación el segundo. Mal empezábamos. Luego, llegada la hora de la verdad, su comportamiento en la lidia tampoco ha contribuido a mejorar la situación. Una preocupante falta de casta es lo que ha mostrado el lote llegado desde el campo andaluz, sin malas intenciones eso sí -nobleza que les gusta decir a los taurinos-, pero con una flojera de remos e invalidez en algunos casos, que no les ha permitido soportar la lidia completa a ninguno de los seis animales. Porque toda la corrida se ha ido sin picar, por cierto.

Pero en fin, es lo que hay, que se suele decir. El toro moderno y la fiesta moderna… El fin de la fiesta más bien, diría yo. Porque sin un toro en la plaza este espectáculo carece de sentido. No hay emoción. Y esto se convierte en una especie de danza insulsa donde un señor vestido de luces se mueve alrededor de un animal que más que peligro lo que desprende es lástima.

Claro ejemplo, lo acontecido durante el segundo de la tarde. Un absoluto inválido que recibió dos míseros refilonazos y que no pudo con el rabo durante el resto de la lidia. Su matador, Eduardo Gallo, decidió ponerse pesado a base de innumerables pases insustanciales ante el agonizante animal, intentando vendernos el arrimón del siglo. Pues no señor, eso no es. Sin embargo con el quinto, muy noble para la muleta y al que las fuerzas le aguantaron algo más que a sus hermanos, anduvo a la deriva y por debajo de las posibilidades que le ofreció el toro, sin acoplarse a la distancia requerida y amontonando pases de nula calidad. Una pena porque a este torero se le ha visto torear en esta plaza, y muy bien, pero parece ser que eso ya forma parte de un pasado bastante lejano.

Mucho más jaleado fue todo lo realizado por Curro Díaz. Siempre se le espera en Madrid y hoy ha realizado lo más notable de la tarde. Sin llegar a culminar una labor redonda, ha dejado impronta de su buen toreo solo en pasajes fugaces, pero de los que se desprende un sabor especial. Una lástima que el cuarto haya resultado otro inválido al que bajar la mano fue casi imposible, por lo que la labor no ha podido resultar maciza, pero ahí han quedado los detalles de torería de un diestro diferente, sin duda. Con el primero, un toro que fue de menos a nada, poco pudimos ver.

Cerraba el cartel Andrés Palacios, ganador del certamen de corridas “montadas” por Castilla La Mancha Televisión como principal bagaje en el último año. Solo se me ocurre pensar en qué mostrarían el resto de intervinientes en tan “prestigioso” certamen… Porque lo expuesto esta tarde en Madrid no ha podido ser más discreto. Siempre descolocado en el cite, escondiendo la pierna de salida, perdiendo pasos en cada muletazo… En definitiva, la vulgaridad como nota predominante en sus dos intervenciones.

Y así se fue la tarde. Otra en la que las musas del toreo y el placer de contemplar al toro bravo en su esplendor tendrán que esperar una futura ocasión. Ojalá que no se retrase mucho, porque ¡vaya temporadita!

 

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