Reencuento de la Doña y Don Rafael

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09 Mayo 2010 | Escrito por Alberto Herrero | Fotografías de Constante

Corrida de toros. En tarde fresca y en la que molestó el viento, se lidiaron cinco toros de Dolores Aguirre justos de presentación. Mansos en general pero todos encastados, derivando su comportamiento en un juego muy variado. Con movilidad y exigentes primero y tercero, reservón el segundo, noble el cuarto y muy peligroso el sexto. Se completó en encierro con un ejemplar de Fernando Peña bien presentado pero flojo y descastado.


Rafael Rubio “Rafaelillo”: (azul pavo y oro): Estocada, aviso –vuelta tras fuerte petición. Pinchazo hondo -oreja-. En el sexto y por cogida de su matador, dos pinchazos, estocada y descabello.

Fernando Cruz: (Burdeos y oro con remates negros): Estocada trasera y atravesada –silencio. Estocada atravesada y un descabello –silencio-.

José Miguel Pérez “Joselillo”: (Grana y oro): Estocada que hace guardia, pinchazo y estocada –silencio-.Resultó herido en su faena al sexto.


Tercio de varas y cuadrillas: Los tercios de varas se han desarrollado de manera lamentable. Se han producido multitud de encuentros con los montados en terrenos de sombra, debido en parte a la mansedumbre huidiza de los toros, pero sobre todo al desorden en la lidia. Refilonazos y fuertes puyazos traseros y caídos han sido la tónica que ha marcado la corrida. Entre las cuadrillas de a pie, destacar a Juan Navazo por su mérito al banderillear al sesgo al segundo de la tarde. Saludó una gran ovación con todo merecimiento.

Presidencia: Presidió D. Manuel Muñoz Infante. Sin incidencias.

Parte Médico: Joselillo sufre una herida de 20 centímetros en el tercio superior de la cara interna del muslo derecho que contusiona el nervio ciático. También sufre una contusión en el hombro derecho. Pronóstico grave.
 


Se cumplen por estas fechas tres años de la heroica actuación de Rafaelillo con dos ejemplares de Dolores Aguirre en lo que supuso para el aficionado la actuación más de verdad y torera de aquel San Isidro 2007. Hoy, transcurrido el tiempo, se ha vuelto a repetir la historia. El diestro murciano se ha erigido en Don Rafael y ha mostrado una gran dimensión ante los pupilos de la “doña”. Y además en dos versiones diferentes. Con su primero, altote y justo de presentación como toda la corrida, que manseó desde su salida y arreó lo suyo en banderillas, le planteó la batalla gallardamente y salió victorioso. El inicio por bajo resultó fundamental y el arrojo, mando y valor para dirigir las embestidas del toro por ambos lados, lograron doblegar la encastada movilidad del de Dolores. Faena de mucho poder y gran mérito culminada de buena estocada que dio paso a una petición, que el palco no entendió como mayoritaria, y una vuelta al ruedo auténtica de Madrid. Pero no estaba todo dicho. Salió el cuarto, justito también aunque con más cara que sus hermanos, y el más noble del encierro. Con la figura reposada y con ciertas dosis de clase, Rafaelillo fue desgranando la faena por ambos pitones. Muletazos largos, con la mano baja y con la cumbre en una serie por la derecha finalizada con un circular templadísimo que levantó al público de sus asientos. Gran faena que no tuvo la firma que merecía con la espada, pues el pinchazo hondo recetado fue aprovechado por la cuadrilla para tirar al toro hábilmente de un capotazo y apuntillarlo. Todo quedó en una oreja. La Puerta Grande estuvo cerca pero la sensación que en conjunto ha dejado su actuación esta tarde va a ser recordada. Parece que el idilio entre Don Rafael y los toros de Doña Dolores sigue por buen camino.

Por desgracia, no podemos decir lo mismo de los otros dos diestros anunciados. Joselillo ha pagado con sangre el tributo de verse a merced de un toro manso y muy peligroso. Ya con el tercero de la tarde, de condición similar al que abrió plaza, apreciamos que, a diferencia del caso de Rafaelillo, esta vez el ganador de la batalla resultó ser el toro. Mostró el vallisoletano buena actitud y ganas pero su trasteo adoleció de colocación y mando. El toro, encastado como sus hermanos, no se sintió podido y su matador se vio sobrepasado por las exigencias a las que fue sometido por el burel. Con el sexto, un verdadero “barrabás” tan manso como peligroso, el planteamiento de faena desde los medios y sin probaturas, ya dejaba entrever lo que podía suceder y finalmente ocurrió. Esperamos y deseamos una pronta recuperación al torero.

Y por último decir que Fernando Cruz pechó con el lote de menos posibilidades de la corrida, la verdad. Su primero, del hierro titular, se mostró siempre reservón y con peligro mientras que el quinto, remiendo de Fernando Peña, puso la nota discordante del encierro por flojo y descastado. Pero también es cierto que ante ellos presenciamos la labor de un torero desangelado y sin capacidad para solventar las adversidades que se le plantearon.

Por cierto y para finalizar, hay que destacar el soberbio par de banderillas ejecutado al sesgo por Juan Navazo al segundo de la tarde. Con decisión, sin alharacas y evitando capotazos inútiles o pasadas en falso, colocó un par que a buen seguro optará a diversos premios después de la Feria. Un detalle más en una tarde muy interesante y que sin duda quedará en la memoria del aficionado. Porque hoy hemos presenciado una corrida de toros. Ni más ni menos. Mansa, es verdad, pero encastada, con juego variado y que ha vendiendo cara su piel. En definitiva, lo que siempre debería mostrar un toro de lidia y tan pocas veces ocurre. Y si no, pasen y vean ¡que quedan 25!

 

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