Un premio a la persistencia

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Plaza de toros de Las Ventas, feria de San Isidro. Festejo del 10/06/2019 con toros de El Ventorrillo -

Se lidiaron 6 toros de El Ventorrillo, de procedencia Juan Pedro Domecq Solís. Bien presentados, con cara y astifinos, mansos y descastados en el caballo, algunos se dejaron torear.


Eugenio de Mora: De azul pavo y oro. En su primero pinchazo perdiendo la muleta, estocada baja y trasera, aviso. El puntillero levanta al toro, descabella, se echa el toro, lo levanta de nuevo, 2º aviso y tres descabellos. Silencio. En el cuarto estocada casi entera que vale. Silencio. En el sexto que mató por cogida de su compañero Ritter, Estocada, aviso, el animal tarda en caer, 2º aviso. Oreja.

Sebastián Ritter: De azul pavo y oro. Aviso, media estocada tendida y descabello. Saludos. Al hacer un quite en el cuarto, se lió con el capote y cayó a la arena, el toro lo corneó en el gemelo derecho. Siendo retirado a la enfermería.

Francisco José Espada: De espuma de mar y oro. Media estocada atravesada perdiendo la muleta, aviso, 2 descabellos, levanta el toro el puntillero, 2º aviso. Al final se echa el toro. Silencio. En el quinto se corrió turno y salió el sexto. Pinchazo, estocada casi entera tendida y baja, aviso con retraso y 5 descabellos. Silencio


Presidente: D. José Magán Alonso. Fue algo generoso en la concesión del trofeo a Eugenio de Mora en el sexto.

Suerte de varas:

1º Tripulante. 561 Kg: Negro. Acudió suelto al montado, se dejó pegar y volvió a salir suelto. Manso en el caballo e infumable en la muleta.

2º Guindón I. 537 Kg: Castaño. Acudió suelto al caballo y el piquero le tapó la salida, el animal no tuvo fijeza y blandeó. En la segunda se repuchó, recibiendo un picotazo. Manso sin picar, soso y sin gota de sangre para la lidia..

3º Sufridor. 577 Kg: Castaño. En la primera vara empujó con la cara alta y el piquero le tapó la salida. En la segunda se repuchó Manso en el caballo.

4º Guindón II. 607 Kg: Colorado. Empujó con fijeza en la primera vara. En la segunda se defendió en la pelea. Mansote con complicaciones.

5º Carroñero. 597 Kg: Negro. Acudió suelto y su lidia fue una capea. Fue castigado trasero empujando con fijeza. En la segunda vara se dejó pegar y salió suelto. Mansurrón y de comportamiento rebrincado en la muleta.

6º Riachuelo. 564 Kg: Castaño. Acudió suelto al caballo e hizo sonar la música del estribo. En la segunda vara el piquero marcó arriba y el animal se defendió. Manseó en el caballo y en la muleta tuvo recorrido.

Cuadrillas y otros:Una media entrada registró el coso venteño en una tarde de agradable temperatura. En el cuarto y al realizar un quite por chicuelinas, Ritter perdió el equilibrio y cayó en la cara del toro, siendo corneado en el gemelo de la pierna derecha y como consecuencia retirado a la enfermería para no aparecer más.

Por este motivo, en quinto lugar se lidió el sexto y el quinto en sexto lugar, siendo lidiado este último por el director de lidia, Eugenio de Mora, al cual le cortó un apéndice.


Tarde de avisos. Se dieron 8 avisos, y como dijo un aficionado próximo a mi asiento, para nada, ya que salvó la faena del sexto, todo sobró en una tarde llena de vulgaridad, donde tanto los toreros como el ganado aburrieron a la concurrencia.

Fue en el sexto donde Eugenio de Mora levantó un poco el ánimo a los presentes en el toro que lidió por cogida de Ritrter. Si fue generoso el presidente en el premio o no, no estábamos en condiciones de valorar la decisión, ya que la pesadez de la tarde son de las echan a los aficionados de la plaza, y si no se marchan, los que nos vemos en la tesitura de escribir lo que ocurrió en el ruedo tendremos que seguir pasando un trago amargo tratando de describir algo que no ocurrió, ya que todos los presentes salieron huyendo del coso venteño tratando de olvidar lo vivido.

Eugenio de Mora se encontró en su primero un toro que acudía al engaño con la cara por las nubes y con una embestida incierta. El matador en lugar de doblarse con él comenzó la faena con muletazos rematados por arriba. El viento lo tuvo en su contra y lo desarmó dos veces. Su faena no pasara a la historia. El cuarto fue un animal mansote y de media embestida. El toledano mostró desconfianza ante su enemigo que se tragaba los muletazos sin entregarse en la pelea. Al sexto le sacó algunas series de redondos y naturales que por lo menos devolvieron la ilusión a los presentes, dándoles a entender que el toreo aún existe y puede surgir en cualquier momento. De Mora consiguió algunos muletazos templados que levantaron los olés de los tendidos, como un trincherazo cargado de torería al rematar una tanda de derechazos. . La faena tuvo sus altibajos, pero consiguió meter en la muleta al único animal que se dejó torear.

Lo único que se recuerda de la faena de Sebastián Ritter a su primero fue el brindis a un espectador y la cantidad de muletazos que le recetó a su enemigo Todo lo demás debería quedar en el olvido. Ni las condiciones del toro ni lo que el torero mostró, interesó a los presentes, Y lo peor que le puede ocurrir a un torero es que su labor no llegue a los tendidos y encima se ponga pesado. Así fue, recibiendo un aviso antes de entrar a matar.

El primero de Francisco José Espada fue un animal que al comienzo de faena se comía la muleta y el matador lo aguantó como pudo, pero el animal comenzó a gazapear y a quedarse sin recorrido en las embestidas, quitándole lucidez a su juego. Al torero le faltó asentar las zapatillas en la arena y mostrarle a su enemigo el poder de su muleta, pero eso debe ser complicado ya que el torero nunca lo encontró. Aprovechó las medias embestidas del burel para no conectar con los tendidos y de paso ponerse muy pesado. Con ello recibió dos avisos de la presidencia. A su segundo lo recibió con unos estatuarios continuando con una tanda de derechazos templados. A la segunda tanda le faltó ajuste y a partir de aquí el animal comenzó a acudir al engaño con una embestida rebrincada y cuando lo intentó al natural lo desarmó. El torero mostró falta de mando y un toreo algo embarullado, rematando con unas manoletinas que posiblemente solo tuvieron sentido para el torero.

Lo más importante es que los aficionados salimos por nuestro pie del coso venteño.

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