Verdad, toreo y épica

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Plaza de toros de Las Ventas, feria de Temporada. Festejo del 02/05/2018 con toros de Tajo y La Reina -

En tarde agradable, con viento por momentos -muy molesto para los toreros- y media entrada (10.871 espectadores según la empresa) se jugaron seis toros de El Tajo y La Reina, propiedad de José Miguel Arroyo “Joselito”, que pastan en San Juan de Piedrasalbas de Trujillo, de procedencia Domecq Díez, a través de la amalgama de sangres Juan Pedro Domecq, El Torero, Jandilla, Luis Algarra, Victoriano del Rio, Daniel Ruiz y las Ramblas, con goterones Carlos Núñez y Torrestrella. Bien presentados -a excepción del segundo-, con trapío y juego variado.


Presidencia: D. José Magán Alonso. Estuvo bien en lineas generales. Acertó al no conceder la oreja del primero, ni las dos orejas en el quinto, manteniendo así el rigor y la categoría de la plaza que debe ser espejo de seriedad. Lo peor de su actuación fue cambiar de el primer tercio en varios toros que fueron escasamente picados.

Cuadrillas: En lineas generales estuvieron bien, tanto en la brega como en la colocación de los palos, salvo en el primero, al que le dieron demasiados capotazos. Cabe destacar la muy buena lidia al cuarto y excepcional al quinto, en el que merecidamente se desmonteraron los banderilleros.

Tercio de varas: Se simuló la suerte de varas durante prácticamente toda la tarde, a excepción de los toros cuarto y quinto, que hicieron peleas aceptables. El resto quiso saber poco de caballos y los picadores no hicieron su trabajo como es debido.

1º toro: Listillo, 556 kg. En el primer puyazo, que fue trasero, se dejó pegar; mientras que en el segundo salió manseando tras que lo colocaran desde la media distancia y la puya quedase muy trasera. Se cambió el tercio sin que fuese apenas picado.

2º toro: Marrón, 510 kg. El primer puyazo cayó en buen sitio, aunque el toro manseó y salió perdiendo las manos; mientras que en el segundo, que volvió a caer en buen sitio, apenas se le picó, volviendo a perder las manos y demostrando repetidas veces su escasez de fuerzas.

3º toro: Resabido, 524 kg. En la primera entrada, la vara quedó tremendamente trasera y caída, sin rectificar el picador y midiendo en exceso el castigo, dejándose pegar el toro. El segundo encuentro se tradujo en un picotazo. En la entrada de todos los que estábamos allí nos cobraron este tercio, que nos robaron completamente.

4º toro: Calandrio, 630 kg. Este fue el ejemplar que mejor peleó de todo el encierro, sin llegar a ser bravo. Empujó y metió la cara en el primer puyazo, haciendo una pelea notable, mientras que el picador no atinó, yéndose la puya trasera. En el segundo encuentro lo colocaron desde una distancia media, volviendo a meter bien la cara el toro y empujando. Visto lo visto esta tarde, podríamos catalogar este tercio de varas como bueno.

5º toro: Cazador, 665 kg. Fue al relance en el primer encuentro, en el que la vara quedó en un principio trasera y caída, rectificando el picador y dejándose picar el toro. En el segundo puyazo el picador acertó a la primera, haciendo una pelea discreta el toro.

6º toro: Cerillero 612 kg. Hizo una pelea muy discreta y se le simularon por completo ambos puyazos, mejor dicho picotazos, quedando ambos traseros.


Iván Vicente, de hilo negro y azul pavo. Estocada contraria, injustificable petición y vuelta al ruedo por su cuenta. En el cuarto, gran estocada. Aviso, ovación.

Javier Cortés, de hilo negro y grana. Pinchazo y bajonazo, silencio. En el quinto, media estocada muy atravesada en la suerte de recibir, oreja y fuerte petición de la segunda, acertadamente no concedida.

Gonzalo Caballero, de hilo negro y blanco roto. Tres pinchazos y dos descabellos. Aviso, silencio. En el sexto, dos pinchazos, estocada y dos descabellos, ovación de despedida.


Hablar del 2 de mayo en Madrid es hablar de Joselito y su goyesca, año tras año antes de entrar a la plaza este día, en los corrillos de aficionados, se recuerda aquella ya lejana tarde de 1996. La empresa decidió que este año volviese a formar parte de tan emblemática fecha para él, aunque en este caso, como ganadero. La corrida que llevó estuvo bien presentada y dejó mucho que desear en cuanto a juego, aunque hubo dos toros interesantes, el primero y el quinto, los dos con matices.

El primer espada era Iván Vicente, que tenía justificada su presencia en el cartel tras las grandes sensaciones que dejó el año pasado al natural en esta plaza el 25 de junio ante un sobrero de Cortijo de la Sierra. Este año no volvió a ratificar su triunfo, y tuvo un toro para ello, el primero de la tarde. Fue este un ejemplar noble, humillador y con mucha clase, de esos que dicen “para soñar el toreo”, aunque exento de la casta y fiereza que hoy en día añoramos los aficionados. Un claro ejemplo del “toro moderno” que buscan hoy en día la gran mayoría de ganaderos, y que desean los toreros que le salgan en cualquier plaza, y más aún en Madrid. Iván Vicente no lo aprovechó. Dejó algún derechazo y natural bueno en una faena muy intermitente, en la que fue excesivamente enganchado, lo que no se perdona en Madrid, y más ante este tipo de toros. Estuvo claramente por debajo de un toro fácil y que posibilitaba el triunfo. Si nada pudo hacer con este, mucho menos hizo con el segundo de su lote. Una babosa que permitía el manoseo y las cercanías, noble y soso hasta decir basta. Alargó el matador la faena ante la más absoluta pasividad del tendido, soporífera labor en la que llegó a sonar un aviso antes de entrar a matar. Si algo bueno hizo Iván esta tarde fue matar sus toros, lo hizo con dos soberbias estocadas, haciendo honor a su profesión de matador de toros.

Gonzalo Caballero cumplimentaba su probablemente única comparecencia en mucho tiempo en Madrid tras su declaración en la gala de presentación de los carteles de San Isidro, en la que presumió de sus cojones -dicho textualmente por él- a hacer numerosas cosas, aunque se ve que le faltaron para aceptar estoquear corridas como La Quinta, Baltasar Ibán o Rehuelga, que según la empresa le fueron ofrecidas. Su primer ejemplar fue muy serio de presentación, aunque estuvo completamente vacío por dentro. La labor de Caballero se basó en estar en terrenos de cercanías intentando sacar algo de las sosas y descastadas embestidas del animal. Le fue imposible, porque aunque se puso muy de verdad, la importancia en esto la da el toro, y en este caso no lo hubo. El que cerraba la tarde le volteó fuertemente con el capote, tras lo que le llevaron a la enfermería, aunque pronto salió de ella para estoquear el toro. Se le notó físicamente mermado, por lo que no pudimos ver la verdadera condición del toro, aunque lo poco que vimos, no nos hizo presentir que de haber estado físicamente bien, habría dado para mucho más.

He querido dejar para el final la gran actuación que tuvo Javier Cortés. Con su primero ya se puso muy de verdad, firme, cruzándose al pitón contrario y quedando muy por encima de un animal completamente inválido, por lo que nada de lo que hizo se tuvo en cuenta. Pero lo mejor estaba aún por llegar. Cazador se llamaba su segundo ejemplar, un toro de gran interés, que hizo una aceptable pelea en varas y en la muleta fue capaz de mover sus 655kg a base de casta, codicia y poder, aunque en algunos momentos acusó una ligera falta de fuerzas. A Javier Cortes le bastaron 5 tandas de 4 muletazos y el de pecho para poner a Madrid boca abajo a base de toreo dominador, valor y entrega. Se le notó su oficio y conocimientos al plantear la faena, en el tercio, cruzado, cargando la suerte y jugándosela, 25 muletazos, nada más. Con eso basta para hacer el toreo, y así son las faenas de verdadero triunfo, cortas y rotundas. En el único descuido que tuvo Cortes, el toro, que no fue la tonta del bote, le corneó fuertemente la pierna, aunque Cortes se volvió a poner ahí, con la pierna sangrando visiblemente. Clavado en el suelo siempre y muy encajado mandó sobre la exigente embestida del animal de Joselito. Poderosa mano derecha de Cortés entre la épica y la más absoluta intensidad. Dejó una estocada en la suerte de recibir más que defectuosa, emborronando así una de las faenas del año en Madrid. Oreja de ley, aunque le fue pedida con intensidad la segunda, que el presidente no concedió con acierto. Esa petición justificó una vez más la bajeza actual de la plaza, en la que nunca se deben conceder dos orejas sin torear al natural y con esa estocada. Pero mucho más importante fue que se ganó el reconocimiento y el respeto de Madrid, haciendo algo realmente importante, el toreo lo llaman

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