Ya transcurridos los seis primeros meses del año 2025, y con la mitad de la temporada entre pecho y espalda, nos disponemos a realizar un breve balance de lo que ha sido esta mitad de ciclo taurino en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid.
Se inició la temporada con una serie de festejos muy del agrado de la afición de Madrid: Adolfo Martín abrió temporada con una corrida seria, cinqueña y excelentemente presentada, pero que dio poco juego por su falta de casta y raza. Siguieron las siguientes semanas con dos novilladas: Fuente Ymbro y Hermanos Sánchez Herrero, correctamente presentadas y de comportamiento dispar. Llegó el Domingo de Ramos con una corrida de Valdellán de buena presencia, cuajo y seriedad, pero en la que faltó casta y poder, y tras la semana de pasión nos encontramos con un exigente, vibrante y duro encierro de Palha. Terminó el mes de abril con una corrida de Saltillo que gustó por su presentación y juego, muy serios y duros en todo su conjunto.
Como mencionábamos unas líneas más arriba, la temporada comenzó mejor que bien por la elección del ganado, por lo que nuestra duda es ¿por qué se sacan estas ganaderías del ciclo isidril? ¿Acaso no queremos todos que el público general vea y reconozca la plenitud que supone un toro con casta? ¿No queremos que haya otros retos para los espadas, que compitan entre ellos para verdaderamente saber quién es figura y quién no? ¿No sería bueno mostrar la variedad de encastes y comportamientos dentro del abono isidril?
Pero, ¡ay! Llegó la feria de nuestro venerado santo agricultor y las tornas se cambiaron y volvimos a dar por hecho que el público se traga cualquier cosa.
Ha sido una feria con varios días de “No hay billetes”, cuestión que es buena y beneficiosa para todos: ver los tendidos llenos siempre es motivo de alegría. Ahora bien ¿vale todo con tal de llenar esos tendidos? El triunfalismo ha sido predominante durante este ciclo, ha sido un público “fácil” y poco exigente que a la más mínima reivindicación del cumplimiento del reglamento se ha posicionado contra el sector más crítico de la plaza. Y nosotros creemos que el rigor, el prestigio y la exigencia son la bandera de nuestra plaza y ya empiezan a estar a media asta.
Brevemente, puesto que ya hicimos nuestro balance público hace semanas en la Sala Bienvenida, pasamos a destacar lo que consideramos más importante de lo sucedido en estas semanas isidriles. En el apartado ganadero destacamos al toro Brigadier, un toro sin reservas, de respeto, con edad, fortaleza, trapío, bravo y muy completo de Pedraza de Yeltes que demostró que dan igual los kilos y el tamaño; lo importante, como todos sabemos, es la casta. En un escalón menor señalaremos al toro Frenoso de Victoriano del Río. Cumplidor en el caballo y encastado en la muleta. Consideramos que apenas ha habido toros completos en los tres tercios dignos de mencionar que nos hayan emocionado. Dentro de los encierros subrayamos la dura, variada e interesantísima corrida de José Escolar, la de irreprochable trapío de Pedraza de Yeltes o, el más que aceptable serial, realizado por la divisa madrileña de Victoriano del Río. Reivindicamos, una vez más, al toro cinqueño, por su remate, cuajo, seriedad y comportamiento.
En el capítulo de los espadas queremos evidenciar que los mal llamadas “figuras” han fracasado y lo han hecho de manera estrepitosa: amortizadas, acabadas, anodinas, faltos de compromiso e incapaces de salir de su zona de confort: ventajistas, tramposos, vulgares y ordinarios han terminado trasladando esta abulia a los tendidos. Casi no hemos visto tercios de quites, poco toreo de capa y muchos, muchísimos, pases de muleta. Sí hay nombres que hay que destacar, por supuesto: Jiménez Fortes por su naturalidad, pureza y buen gusto, el valor y la verdad de Víctor Hernández, Uceda Leal con su clasicismo y elegancia, y la personalidad y torería de Morante de la Puebla. No queremos dejar de mencionar la entrega de Juan de Castilla, Isaac, Fonseca, Clemente o de Diego San Román. Entre los novilleros: el concepto de Aarón Palacio es digno de destacar.
Los hombres de plata han tenido su importancia y entre todos los actuantes han sido notables las tardes de Curro Javier, las bregas de Raúl Ruiz o los pares Víctor del Pozo y el buen oficio del varilarguero Javier Lorente.
Volvemos a los que visten de oro porque capítulo especial requiere un comentario sobre la suerte de varas: ha sido un auténtico desastre. La manera en la que es ejecutado supone un absoluto menosprecio a la integridad de la lidia. Reivindicamos la necesidad de una profunda regeneración de la suerte. Desde este colectivo hemos demandado por escrito a las diferentes instituciones y organismos el pesaje público y continuo de los caballos de la cuadra de picar. Creemos que, para una correcta ejecución de la suerte, es mandatorio que los caballos deban tener un peso proporcionado y equilibrado para que, con ello, haya una verdadera lucha, con más ecuanimidad, de la que vemos en la actualidad. También, para una estimable realización de la suerte, es indispensable colocar al toro en suerte y realizar el tercio según mandan los cánones. Es necesario el compromiso de todos: profesionales, autoridades, público, aficionados y medios de comunicación. Recordamos que no hay termómetro ni sistema alternativo al tercio de varas para medir o verificar la bravura de un toro.
Para finalizar no podemos dejar pasar el hecho de que una buena ejecución de la suerte de matar ha de ser condición sine qua non para la concesión de trofeos. La finalidad de la lidia es la de dar muerte al toro ¿de verdad hay que seguir recordándolo?
Pasada la resaca de la Feria de San Isidro, volvían los festejos de andar por casa, pero sin la pujanza de los de inicio de temporada y a la paradoja de seguir trayendo hierros que fracasan año tras año por su mal juego, véase la corrida de Valdefresno.
Comenzó el ciclo de Cénate Las Ventas, que bien podría llamarse “Bébete hasta el agua de los floreros” y, más allá de lo que pasó en la arena, la noticia estaba en los tendidos (salvo el último día en el que reactivamente se tomó alguna medida): borracheras, desalojos, gente moviéndose por los tendidos, atención nula a la lidia, permisividad de los empleados… Con respecto a los cornúpetas: nada nuevo bajo el sol: mansedumbre, poco juego, novilleros poco curtidos…
En definitiva, que esta primera parte de la temporada ha ido como muchas faenas: de más a menos para el aficionado, el que paga, y de menos a más para le empresa, que es la que cobra. Todo esto bajo la anodina mirada del CAT, responsable último de lo que sucede en la plaza.