Primera novillada de la feria de San Isidro de 2026
Tras el lunes de reflexión que nos ha impuesto por Decreto la empresa madrileña, que hace y deshace a su gusto, con total indiferencia o connivencia de la Comunidad de Madrid, volvieron ayer las corridas, en este caso de novillos, a la plaza de Las Ventas del espíritu Santo.
Y no pudo haber sido más afortunado el retorno a la fiesta que todos deseamos, sea cual fuese el resultado final, entre silencios y ovaciones, entre una puerta grande merecida y el saludo de un despistado mayoral al finalizar el festejo, cuando ya la gran mayoría del público había abandonado el coso y sólo quedábamos el puñado de aficionados de todos los domingos del año taurino.
La novillada de Montealto, ¡descubrirse!, salió impecablemente presentada, con la única excepción de uno de ellos levemente más anovillado que el resto, que eran verdaderos toritos, que hubiesen dado miedo a tanto coletudo que triunfa sin pudor en plazas de segunda… y aun de primera.
Novillada con cuajo y pitones, novillada encastada, aunque de bravura desigual, novillada en la que hubo complicaciones, boyantía, entrega o genio; pero que mantuvo el interés de la afición toda la tarde. Tres fueron ovacionados en el arrastre, tres se fueron con palmas, y el mayoral obligado a salir de su personal limbo, como cinco minutos después de que se acabara el festejo. ¿Por dónde andaría el hombre? Hay que atender primero al aficionado que paga, y luego al que cobra, me temo. Enhorabuena a don Agustín Montes por un ganado que nos ha devuelto la ilusión, pese a que no fuese perfecto su comportamiento en varas o en la muleta.
Y un recuerdo cariñosísimo al Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad, que el día primero de mayo, en su requeteminiferia, se olvidó de esta vacada, o de la de don Victoriano, o de la de Flor de Jara, o de la de Baltasar Ibán, o de la de Aurelio Hernando o de tantas con más prestigio que el saldo que nos anunció de ganaderías madrileñas (salvóse a la postre la de El Retamar).
A la par hubo un novillero que, si bien en su anterior comparecencia no nos convenció en absoluto, Álvaro Serrano, en ésta ha demostrado que quiere y puede llegar a ser matador de alternativa con un destacado puesto, si progresa en ese camino y se olvida un poco del pasito atrás para ligar en las series. Hubo, por su parte, no sólo decisión y ansia de triunfo, hubo clase, mando e inteligencia, variedad con el capote y exposición; valor frente a las incertidumbres y miradas del tercer novillo, y decisión al entrar a matar. Claro que pudo estar algo mejor en el sexto, es cierto, especialmente con la derecha (donde no hace falta dar el consabido pasito atrás para ligar muletazos sin cuento y sin remate), pero con la zurda, con la del cortijo, estuvo muchísimo mejor, y era, además, el buen pitón de ambos oponentes. Bien colocado con esta mano, tirando del animal, gobernando su viaje y no acompañando las embestidas, fueron los momentos mejores, aunque para el público no fuesen los más vibrantes, de sus faenas. Enhorabuena al de Navas del Rey, y que siga la progresión… adecuadamente. Puerta grande madrileña justa y necesaria. No todo van a ser calamidades.
El primer novillo le correspondió a Tomás Bastos, que nos defraudó las expectativas que en él traíamos. Los triunfos de plazas de segunda y tercera hay que ratificarlos en la capital. El novillo que le correspondió (493 kilos en la báscula, castaño, listón y bocidorado de verdad), tenía recorrido; pasó por varas sin historia, y apretó para dentro en banderillas, y aunque embistió a oleadas, y no anduvo muy sobrado de fuerzas, los largos paseos entre tanda y tanda le permitieron respirar. Pero el matador no estuvo bien colocado por la derecha, y le tocó la muleta en la mitad de los pases, por lo menos. Desaprovechó el pitón izquierdo, que era el mejor del novillo; y en vez de seguir por ahí, volvió a la derecha, por donde cabeceaba y volverían los pases sucios… ¿es que no hay nadie que se lo dijera? Un desarme antes de una estocada entera desprendida, quedándose en la cara y a punto de resultar cogido. El animal se fue a tablas y allí escuchó el espada un aviso antes de echarse su antagonista. El cuarto, de salida, desarmó por el izquierdo por los engachones del capote. Mal picado, el novillo se repuchó un tanto en el segundo encuentro, hizo el puente, cabeceó y salió suelto. Fernando Pérez volvió a jugarse el tipo en el segundo par de banderillas, como en su primer novillo. El novillero portugués inició de rodillas el último tercio, con más espectáculo que torería, y prosiguió su faena, cambiando de terrenos varias veces, sin conseguir encontrar su sitio, el del novillo o el de la faena. Trasteo ramplón, bastante sucio en general, sin decir gran cosa, con el animal embistiendo hasta que terminó por aburrirse él y aburrirnos a todos. Tanta carrerita inicial tiene sus consecuencias. Cuando entró a matar le dejó , un pinchazo, quedándose en la cara, y tuvo que atravesar a la carrera todo el coso, casi los 62 metros diametrales, porque el novillo le persiguió y estuvo a punto de cogerlo. ¡Hombre, cuartee usted en la carrera, quiebre el viaje del bicho, no corra en línea recta! Un nuevo pinchazo, de nuevo quedándose en la cara y perdiendo la muleta, precedería a un aviso, y a otro igual. Por fin le dio una estocada, desprendida, tapándole la cara con el trapo y saliendo de lado, sin terminar de cruzar. Más novillo que...
El segundo le tocó al sevillano Martín Morilla (de Morón), quizá el más flojo de presencia del festejo, pero que cumplió como bravo en varas, porque, a pesar de sendos puyazos traseros y caídos, derribó a ley en la primera vara y empujó también en la segunda; muy mal picado, un desastre que luego acusaría, parándose algo al final. El novillero alternó, con la diestra, buenos y malos lances, los colocados con los descolocados, pero dijo muy poco en general, aprovechando el viaje de su oponente. Mejor anduvo con la izquierda, pero, incomprensiblemente, retomó la derecha con el toro ya desfondado. ¡Gracias picador! Un pinchazo, con el brazo por delante, y una entera chalequera lo envió a los matarifes. El usía le perdonó el aviso. En el quinto, otro novillo impecable de presencia, algo distraído y bravucón en el caballo, fue mal picado, como todos sus hermanos de camada, aunque manseó más. Hubo un vistoso quite de Serrano, por faroles y orticinas. Mal lidiado en los dos primeros tercios. El espada inició la faena por bajo, algo genuflexo, doblándose un poco, con el novillo algo corto, parado, defendiéndose por arriba en algún momento. Pero por la izquierda iba mucho más claro y sencillo. Así que ya pueden imaginarse el resultado: casi toda la faena fue por la derecha, diciendo muy poco. La gente empezó a impacientarse y a protestar. Lo mató de un pinchazo caído, otros dos más de idéntica manera, y una entera sesgando, algo atravesada. Fatal.
Y cambiamos de panorama. Si hasta entonces habíamos visto más novillos que diestros, salió Serrano a demostrarnos cómo se puede estar bien con un novillo complicado y mirón. El de Montealto fue más bravucón que bravo, recibió tres agujeros en el primer encuentro con la caballería, uno de ellos en la paletilla, y derribó en el segundo encuentro, tras un puyazo trasero, al lancero y al penco. Quizá hubiese requerido otra entrada para valorarlo mejor, pero inopinadamente el del palco ondeó el pañuelo blanco y ahí quedó la cosa. Luego, en banderillas el toro se colaría por ambos pitones y cabecearía algo al finalizar los capotazos. Fue más complicado que sus compañeros en la muleta, y terminaría con ademanes de rajarse en las últimas series. Pese a todo, Serrano anduvo firme, lo saludó por verónicas, las tres primeras de rodillas y ganando terreno, bien. Hubo un quite de Bastos por gaoneras y réplica de Álvaro por delantales, con una buena larga para finalizar. Con la muleta, aunque toreó al novillo en tandas por la derecha, como éste se revolvía, incómodo, y apretaba para dentro, terminó por someterlo por bajo, y aquél lo acusó. Buena estocada, tirándose de verdad, aunque cayese algo desprendida,y justa oreja para el novillero.
El sexto fue otro novillo muy bien presentado. Aunque no hizo gran pelea en varas, el picador, Héctor Vicente, por fin, hizo las cosas como se deben. Serrano tuvo un buen comienzo de faena, con clase y poderío, ganando terreno hacia los medios, con algún pase de rodillas ciertamente interesante. Luego caería, a mi gusto, en ese toreo postmoderno, de ligar mucho con la derecha, cierto, pero echando la pierna atrás, para dejar sitio al toro, con algún toque de muleta al finalizar los muletazos. Aunque, contrariamente a tantos, se lo metía para dentro, y más de una vez se lo pasó por la faja. Sin embargo, las dos últimas tandas, por la izquierda fueron francamente buenas, sentidas, solventes y poderosas. Faena corta, la justa, sin excesos tan habituales, con algún engachoncillo por la derecha, pero por la izquierda verdaderamente buena. Lo mató de una buena estocada, por arriba, entrando bien. Y la cosa quedó en una oreja, por la dichosa manía de esperar a que el toro doblara sin descabellar, oyendo en el interín dos avisos, y llegando, al fin, un descabello certero, no sé si sobre el límite de la hora, o porque se le paró el reloj al usía. No obstante lo cual, oreja, la segunda de su tarde, y novillero que nos deja un buen recuerdo.
La tarde acabó, mucho después de la puerta grande, con el saludo del perdido mayoral, y con quinientas personas aplaudiéndole. Fue una novillada interesante, con movilidad, más bravucona que brava; pero hubo casta, interés, algunas complicaciones que gustan a los aficionados y más novillos que diestros, con la excepción, eso sí, de Serrano. Bien por él.
Lope de Molina