FERIA DE MADRID, ESTAMOS EN PUERTAS…
A menos de una semana de afrontar la septuagésima novena Feria de Madrid, ahora conocida como Feria de San Isidro, en el 2020 fue cancelada por primera vez desde 1947 debido a la pandemia de COVID-19, y a la vista de lo que hemos podido ver esta temporada taurina 2026, me invaden las dudas propias del que va todas las tardes a “San Isidro” en busca de la emoción que buscamos los aficionados al toreo cuando asistimos a una corrida de toros.
Y es que en lo que va de la presente temporada, esta no ha sido en sus comienzos proclive en aportar un espectáculo taurino acorde con las expectativas que demandamos aquellos que nos dirigimos a los cosos a ver toros.
Si exceptuamos la Feria del Aficionado de San Agustín de Guadalix, impulsada y organizada por el Club Taurino 3Puyazos, que por su propia idiosincrasia, obtiene y este año con honores, los objetivos que se propone, en las corridas que hemos podido asistir in situ o contemplar por los distintos medios de comunicación no hemos encontrado nada destacable que reseñar.
Es pues que encaramos una Feria de Madrid 2026, donde considero que aquellos aficionados y abonados de Madrid tenemos la responsabilidad principalmente de exigir rigurosamente la aplicación de Reglamento Taurino vigente.
Es evidente que las distintas presidencias, esta temporada con dos nuevas incorporaciones, están, como ya lo han estado, a la altura de la primera plaza del orbe taurino, preocupados porque a los espectadores de la corrida a celebrar llegue un espectáculo honesto y acorde con la categoría del coso de Las Ventas.
Por supuesto que el aficionado persigue el sentimiento de emoción en el toreo, y eso solo es posible que surja si existe un toro íntegro, y si el torero siente de verdad lo que hace. Será entonces cuando el espectador en los tendidos se identifique plenamente con el matador en el ruedo.
No podemos consentir que unas posturas pintureras, unos simulacros de faena con las mayores gotas de estética posible, basten y sobren para la plena satisfacción de estos públicos, para que vean en ello, toda la fiesta de toros, para que sancionen su celebración en esas condiciones y peor aún para que hagan ascos o se encojan de hombros ante el resto de la lidia.
No debemos caer en la equivocada idea de ser, en Madrid, un público de una bondad casi rayana en la bobería. Un público buenazo, que siempre lo ha sido, pero también siempre ha tenido sus puntas y ribetes que hacían pasar malos tragos. En el fondo, un público que antes se creía un poco el señor, el centro de la fiesta, mientras ahora se viene a comportar como un invitado que está dispuesto a divertirse lo que pueda, sin demasiadas exigencias.
Los viejos aficionados nos lamentamos con frecuencia de este público, tolerante, en el que se apoya el prestigio de estos toreros de nuestros días, el afán de lucro de los empresarios y el negocio de los ganaderos, protestando contra el armazón de la actual torería.
Pero debemos considerar que mientras vaya a la plaza, los taurinos y los taurófilos estamos de enhorabuena, pues lo malo sería que algún día decida, por su cuenta y sin escuchar a nadie, no ir. En vez de alejarlo, o tratar de menospreciarlo, lo que hay que procurar es respetarle, enseñarle y orientarle.
La afición de Madrid fue siempre muy seria, formal, inteligente y exigente, no en vano presencia a lo largo de la temporada más de sesenta festejos.
Desde aquella de los años treinta o cuarenta con un formalismo sin par, a la de los cincuenta, sesenta y setenta ante unos toros chicos y sin edad -utreros-; se iban yendo los viejos aficionados, los que venían de la preguerra, y se llenaban los tendidos de ese público que venía a la capital en busca de trabajo, aficionados que llegaron con el espíritu provinciano, de feria, de corridas de toros únicamente en sus fiestas patronales; pero que, aun así, manifestaba su desacuerdo con lo que presenciaba si no le gustaba.
Pasamos de una cátedra madrileña que no se caracterizaba por su generosidad, a un público verbenero, orejofilo y aplaudidor, que ha marcado el devenir de la Plaza de toros de Las Ventas. Tras la salida de la familia Jardón de la gerencia de la plaza y el corto pero insufrible paso de Canorea y Berrocal, con la llegada de Manolo Chopera a los mandos como empresario, los públicos llevados por la tutela y conocimiento de algunos viejos aficionados, entró en una época de persecución -análisis- a las figuras del toreo, al escrutinio del ganado que sale al ruedo, que desemboca en el ceño fruncido, el pañuelo verde, las broncas y los silbidos.
Bien es cierto que un aficionado es antes que nada un espectador, no es protagonista del festejo, pero si es verdad que forma parte del mismo. El aficionado de Madrid debe exigir al empresario que no regatee esfuerzo en conseguir la importante plaza de temporada que llegó a ser, no dejándose llevar por la ambición económica; a los ganaderos que recuperen la fiereza de sus toros, que en los últimos tiempos han perdido con esa selección en contra de la misma, buscando la nobleza; al torero que venga a Madrid con la responsabilidad y conocimientos que conlleva la plaza; a los picadores, que acepten el caballo acorde, ligero, que no denote la desigualdad que se está produciendo y que por supuesto pique bien, en su sitio; a las presidencias que asuman la importante relevancia de su gestión, acogiéndose y aplicando con severidad la reglamentación vigente, y a nuestros políticos exigirles que no se dejen llevar por el papanatismo animalista y luchen por el mantenimiento de nuestras tradiciones.
Feliz FIESTA DE MADRID, de toros.
Francisco Javier Píriz Collado
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid
Madrid, 3 de mayo de 2024
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