FORTES Y SU RESPONSABILIDAD ÉTICA
En la mañana del domingo 15 de marzo tuve la oportunidad de asistir junto a mi nieto Pablo, en la Sala Bienvenida de nuestra Plaza de Las Ventas, al coloquio organizado por la Peña Taurina Los Areneros, con el matador Saúl Jiménez Fortes. Dentro de su animado discurrir me llamo la atención un hecho al que se refirió este, la responsabilidad del torero.
Es indudable que los toros exaltan la individualidad, la singularidad, el valor, el sacrifico altruista y la excelencia profesional del torero, que representa la encarnación más ortodoxa del héroe individual, mostrando al público espectador la capacidad que podemos tener los seres humanos para vencer el pánico a la muerte.
Esta capacidad se centra en el equilibrio entre el riesgo personal, la honestidad en la pelea y naturalmente el respeto al toro como digno adversario. De esto podemos deducir la obligación moral que distingue el toreo de un mero espectáculo, convirtiendo el duelo entre el torero y el toro en una leal lucha donde el primero expone su vida para obtener el derecho a la muerte del animal, es en el cumplimiento de estos principios por parte del torero donde radica su responsabilidad, que confluye en la auténtica y emocionante belleza del toreo.
Es por tanto el toreo rito antes que espectáculo, pero no siempre encontramos en todos los diestros las exigencias ritualistas que conllevan el manejo de la capa, la muleta y el estoque, por el contrario nos encontramos a menudo frustrados deportistas, comediantes, farsantes, saltimbanquis, bailarines y hasta matarifes; pero cuando aparece el auténtico torero, y este es el caso de Saúl Jiménez Fortes, consciente de su responsabilidad, con la madera de oficiante que posee, nace el ritual taurino, la oportunidad fugaz de llegar al público con la naturaleza de su toreo estoico, ancestral y natural, nacido del sentimiento.
En Fortes, como taurinamente se anuncia en los carteles, prima el mérito. En un país como el nuestro dónde la excelencia y el mérito son términos considerados ahora, entre los adeptos del sectarismo progresista, como algo de índole reaccionario que se enfrenta al concepto de igualdad, solo nos queda la excelencia practicada por toreros que se sostienen por mérito, esfuerzo, entrega, tenacidad y responsabilidad.
Honestidad y rectitud de este torero al colocarse frente al toro, sin hurtar ventajas, ni cegar la visión de este con la muleta y rematando con claridad el pase para mantener un enfrentamiento justo. Engañar sin mentir al toro, priorizando el valor y la verdad apoyándose en una depurada técnica, es aquí donde el toreo revela la auténtica personalidad del diestro, su compromiso con la tauromaquia.
Mientras haya toros los suficientemente encastados que preserven su sentido, hombres lo suficientemente valientes para desafiarles, aficionados con sensibilidad suficiente para comprender la telúrica belleza de esta confrontación, estaremos preservando las corridas de toros, no simplemente como un magnífico espectáculo, sino como la consumación y promoción de nuestros mejores valores humanos, éticos, morales y culturales.
Francisco Javier Píriz Collado
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid Madrid, 16 de marzo de 2026