Ayer hubo nueva Puerta Grande en la plaza de Las Ventas. Una más. O una menos para lo que nos queda de feria de San Isidro. En sí, tal cosa no es noticia, no cabe duda. Dado el nivel… Pero el problema de la generosísima concesión de trofeos puede que lo sea. Ayer sólo faltó que dieran la vuelta al ruedo a algún toro, o que indultasen a uno, para cumplir con el guión preestablecido del sistema.
La crítica corre feliz al lado de la mayoría, amparándose en la seguridad de esa opinión dictada a través de sus medios de adoctrinamiento masivo (de ahí que la llamemos Prensa del Movimiento), para no tener que contradecirse a sí misma, o a la masa que aplaude todo lo que dice y subscribe, sin el menor afán crítico, las doctrinas del sistema. Frente a ello, unos pocos aficionados se afanan por intentar devolver la cordura al sistema, de exponer ideas, de justificarlas con argumentos éticos o históricos, incluso apoyándose en escritos de sus propios protagonistas de años atrás. Al parecer la conferencia de Domingo Ortega en el Ateneo de Madrid, de la mano de don José Ortega y Gasset, es un panfleto; que las lecciones dictadas por Rafael Ortega a dos grandes aficionados de la Peña más prestigiosa en su día (Los de José y Juan), no dejan de ser comentarios marginales de un amargado; que el libro escrito por Andrés Amorós, con las conversaciones con Marcial Lalanda (“...eres el más grande” como canta su pasodoble), eran recuerdos de un viejo decrépito que nada de esto sabía, pese a haber liderado (como lo hizo Domingo Ortega, en su día y varios años) el escalafón taurino en la Edad de Plata del toreo, donde la competencia, de verdad, era muchísimo más dura y complicada que la de hogaño, pero, además de torero, fue ganadero, empresario y apoderado de un tal Pepe Luis; que Antoñete fumaba demasiado, jugaba al poker y disfrutaba de la vida, y así sucesivamente.
Nada de ello tiene importancia; nada de lo que dijeron o escribieron éstos y otros tantos, carece de relevancia, ante la imposición anti-ética de unas nuevas formas que en vez de superar el riesgo a base de técnica, valor e inteligencia, optan por hurtarlo, atrasando la pierna de entrada; que en vez de enfrentarse a los pitones del toro, primero los manipulan (aunque no se analice nada, para que nada trascienda) y luego se sitúan en la oreja del animal o citan desde las costillas en los segundo y tercer muletazos -los cuartos ya son rara avis antes del obligado de pecho-, porque es más importante ligar que dar la cara o el pecho, la femoral o pasárselos por la faja. Que en vez de rematar los pases o citar como marcaron en sus escritos o comentarios estos diestros citados, o tantos otros, conviene torear en plan tío vivo, o noria, siempre dejando la muleta en la cara, sin terminar el lance a la espalda, y sin que el toro esté de nuevo colocado para aumentar la capacidad, riesgo y honorabilidad de la profesión. Y así podríamos seguir cantando las excelencias de este nuevo toreo que va imponiéndose ciegamente en la masa de los espectadores, que ya saben mucho más, pero muchísimo más, que los que vieron o leyeron a aquellos diestros, conversaron personalmente con Camino o el Viti, o trataron a tantos diestros retirados o en activo a lo largo de décadas.
Un nuevo sistema, buenista y acrítico, se ha impuesto, y la Prensa del Movimiento, aplaude porque vive de ello, o de su dinero, directamente, o de que no tienen donde agarrarse para subsistir profesionalmente. Lo mismo pasa en tantos otros sectores del periodismo, no se asusten. O comulgas con el PODER o serás perseguido implacablemente, insultado, denigrado y escarnecido, arrastrado por las calles o -llegado el caso, en país del Golfo Pérsico que defiende nuestra progresía- colgado por el cuello en plaza pública por cualquier futilidad u orientación sexual (que aquí se admite sin mayor problema).
Así que las pocas voces libres e independientes que se atreven a defender otra tauromaquia, otro modo de afrontar la épica de la corrida, la ética imprescindible de un espectáculo en el que se sacrifica ritualmente un ser vivo, sobre la base de unos valores profundamente humanos, lo llevan claro. Serán constantemente insultados por el sistema, por el PODER económico que lo maneja; mejor dicho, económico o político que lo mantiene; y que a nadie se le ocurra pedir transparencia, rendición de cuentas, supervisión independiente, análisis postmortem, o cualquier estupidez, porque será tachado de radical, inconformista, ignorante o saboteador… cuando probablemente sea exactamente lo contrario. Expulsados del sistema, viviremos en El mundo feliz, de Aldous Huxley. Y nos sacrificarán cuando procreemos a la siguiente generación de zombis felices (los Eloi, nada que ver con el diestro mejicano que toreó ayer), como en La máquina del tiempo de H.G. Wells.
Probablemente mucha de la crítica tenga conocimiento de todo ello, pero es más fácil plegarse a la opinión imperante, que mostrar tu desacuerdo y ser apartado del sistema, del establishment, de la Prensa del Movimiento, y tener que ganarte los garbanzos de otra forma… Y ahí conectamos con el título de esta crítica. No hay cosa peor, más deshonesta, más demoledora intelectual y éticamente, que la negación de uno mismo y de tus conocimientos o convicciones. Una vez hecho, por primera vez, como el delincuente -civil o penal-, dar los siguientes pasos es extraordinariamente sencillo. Hemos entrado en el sistema destructor de tu sistema nervioso central.
No sólo le ocurre, como es obvio, a la crítica taurina oficialista, sino también a sus propios protagonistas. Y eso, aun, es más preocupante. Ayer, y sentimos tener que apuntarlo, le ocurriría a Diego Urdiales, que lejos de la forma de torear que le ha encumbrado, de afrontar con honestidad y pureza el riesgo, optó por ese neo toreo de paso atrás para ligar, ante la estupefacción de los aficionados, que o no supieron o no quisieron reaccionar, y la algarabía del público y prensa que vio añadir un eslabón más a la cadena de seguidismo inocente -no por falta de culpa, sino de conocimientos- de las nuevas formas… anti-éticas.
Fue durante sus dos faenas de muleta, porque, al menos, en cuanto a capote y espada, el riojano nos llevó por otros senderos, es cierto, y lo aplaudimos. Pero ese situarse en la cara del toro, de citar en la distancia oportuna -o algo más allá-, ese embarcar por delante y llevárselo a la espalda para rematar y volver a citar, ligando despaciosamente, eso, ayer, no se lo vimos, con harto dolor de corazón. Allá él y su inconsistencia, su infidelidad con él mismo, con lo que le ha hecho ser admirado por todos, por los aficionados primero y por el público aborregado después. Infidelidad a sus principios, a los que le han encumbrado, a los que nos han hecho admirarle durante una década y media…
De la gran figura de Roca Rey, nada podemos decir en tal sentido. Es uno de los máximos exponentes de ese neo toreo, rey de las “asustinas”, pases por la espalda (que hacen furor entre el público, aunque nunca lleven toreado al toro), de las pedresinas, arrucinas, y otras inas que dejan pasar, cerca, pero sin torear a la res; de valor indudable y ligazón a base de mala colocación y de despedir a las reses hacia fuera a base de alargar sus brazos, y pegar unos muñecazos violentos al final, para rematar hacia “allá” al toro, sin llevárselo a la espalda salvo cuando ya está en las últimas. Ahí suele recurrir al encimismo impactante en el público, y, lógicamente (hagan la prueba con una silla en casa), la descolocación; porque si estás a treinta centímetros del toro, tienes que enseñar la muleta al ojo contrario (es imposible de otro modo), y por lo tanto dejas de estar enfrontilado con los pitones, y situado ya en la oreja. Maneja muy bien esos sustos, tiene valor, lo hemos dicho, y a veces templa -aunque no siempre-, pero ayer la jugada sólo le salió en el quinto, y cortó una triste oreja. Me temo que ante la salida a hombros de Urdiales… alguien se va a quedar sin abrirle cartel en próximos festejos… Y un apunte más, en relación a los tiempos…………………, es de una parsimonia, lentitud y pesadez insufrible. ¡Qué cantidad de tiempos muertos! Tal vez para que los animalitos respirasen… Si lo coje el Viti, lo fulmina, porque para el maestro de Vitigudino, la unidad espacial, un sólo terreno, y la temporal, la continuidad de la faena, eran imprescindibles. Lean ustedes a su biógrafo, el genial Guillermo Sureda, por favor. Del “pobre” Bruno Aloi, que se define como seguidor de José Tomás, nadie hablará más que para nombrarlo. Lo poco que le vimos, cierto es, fue una triste imitación de sus mayores de ayer, en vez del compromiso ético que cada tarde tenía el gran torero de Galapagar, que se va olvidando… porque así lo mandan las nuevas formas impuestas.
La corrida de Juan Pedro, me lo preguntó una compañera de abono, abogada y esposa de Registrador de la Propiedad, para comentarlo después con doña Teresa Morenés, condesa de Asalto y madre de don Juan Pedro, fue… noble, floja y toreable. Eso le dije, y lo mantengo porque es de hombría hacerlo. Cómo quieren que le dijera que le comentase a la “ganadera”, más bien madre del criador, que aquello fue una borregada insulsa y sumisa, desigualmente presentada, que no tiró una mala cornada ni hizo feo gesto alguno. Cómo que la pelea en varas fue anodina o mansa -la bravura ahora, al parecer, consiste en dejarse pegar en el caballo, acostándose en el peto, o colocando la cabeza sin empujar en él-, que hubo un par de ellos que se quisieron rajar en la muleta, que de pitones… ¡cómo no se analizan, pues anduvieron como anduvieron!, y así. Fueron los toros ideales para los toreros “ideales, mi amor”.
La historia comenzó con la confirmación de alternativa del mejicano Bruno Aloi, del que esperábamos mucho más, sin duda, dada la composición del cartel de la Prensa… y no citemos ahora al Movimiento, que de todo hay. Lidió un primero, correcto de presencia, sin más, un poco corni-apretado, que desarmó al azteca en el tercer capotazo. ¡Qué fiera! Se caería a renglón seguido y lo volvería a hacer varias veces más a lo largo de su ñoña y triste existencia, pero ¡qué importa! Loor a la bravura. Fue mal lidiado en varas, mal picado, y aunque metió la cara abajo, acabódejándose pegar y salió en cuanto le enseñaron un capote. Rehusó ante la segunda vara, de nuevo mal colocado, se dejó pegar, y primer tiempo muerto por si Aloi hacía o no el quite………………… que finalmente lo consiguió por tafalleras. Brindó el mejicano al rey de España, ¡cómo se entere la Scheinbaum, indigenista lituano-judía, no lo deja volver a la patria de la charrería!, que estaba en barrera del 9, en vez de ocupar el palco real, como su abuela o su padre alguna vez. El toro, a base de dejarle mucho aire, iba con cierta alegría, hasta que dejó de tenerla, por las caídas, falta de fuerzas y condición... en la cuarta tanda. Corto y cabeceando, recurrió el azteca al encimismo, ¡vamos lo de siempre!, entre la indiferencia popular. Un pinchazo desprendido, sin pasar, un bajonazo por las costillas, pegando un salto, otro pinchazo y primer aviso. Tras el cuarto pinchazo le dio una estocada entera, contraria. Nada de nada. El último de la tarde de su triste presentación como matador, salió de chiqueros a las nueve y media: esto es, dos horas y media después de que se iniciara el festejo… Después de un par de minutos con el toro correteando por allá y acullá, le dio algún lance suelto por aquí o por allí, el toro no podía ya más y él perdía terreno. El gran espectáculo de varas fue ver cómo se rompían hasta tres de ellas en un mismo toro, que, con otra anterior, hicieron cuatro. No había visto jamás, semejante cosa; por favor cambien de proveedor chino. Eso sí, la primera fue sobre las costillas; el toro corneó el peto, saliósuelto… y ¡bravísimo! Hubo, al menos, un magnífico par de banderillas, el tercero, de Pablo Gallego, sensacional. El toro no tenía gran recorrido, y aunque el diestro hizo lo mismo que Roca, como no lo conoce ni Zeus tonante, pues no le aplaudieron prácticamente nada. ¡Vaya!, una pérdida de tiempo. Rápidamente el animalejo se vino abajo, sin viaje, y con ademán de rajarse. Nos regaló unas luquesinas al final, con el bicho semi inmóvil, por si aquello había sabido a poco, y a las diez menos doce minutos entró a matar, dejando un pinchazo, alargando el brazo, desprendido y tendido, y una entera, con la misma postura atlética, ahora contraria.
El segundo toro le tocó a Diego Urdiales. Toro con pocas hechuras y menos remate, ¡como de plaza de segunda! Los veterinarios están que se salen… Y sospechosillo de eso de la bolita. Salió suelto, siguió suelto después de varios capotazos infructuosos, por fin se encontraron ambos y Urdiales nos dejó un buen ramillete de verónicas, algunas francamente -¡qué peligro tiene la palabra!- buenas y una media extraordinaria. El toro en varas no hizo gran cosa, apenas empujó y salió en cuanto veía algún capote. Volvió Urdiales a mostrarnos lo que es el toreo a la verónica… aunque ahora en paralelo, sin llevarse al toro atrás porque se caería dos veces. Después de otra vara sin historia, ni bravura, hizo su quite parsimonioso Roca Rey…………………, también sin historia, ni apenas aplausos. Lo más destacable en el caos de banderillas, fue que Aloi llegó a estar justo en el lugar diametralmente opuesto de la plaza, en vez de donde debía estar para hacer el quite al peón banderillero. Con el toro en los medios, y mirando hacia una posible salida, comenzó Urdiales la faena, muy jaleada y nada pitada de colocación -lo que sí harían con Roca-, en un trasteo en el que fue infiel a su toreo de clasicismo, buscando con afán engañoso, esa tauromaquia facilona de paso atrás, toreo noria, que practican tantos. Con una única diferencia frente a tanto “artista” de la postmodernidad: al menos se lo llevaba más en redondo, y remataba más cerca los lances. Alguna vez se colocó mejor, ante algún leve silbido, buena prueba de que sabía dónde estaba situado frente a la tremenda fiera… Series periféricas, con el público entusiasmado, con el toro moviéndose, toreable, sin peligro, embestidas constantes gracias a los notables respiros que le dejaba el riojano (casi tres horas duró ayer el festejo). Con la izquierda se colocó un poquito mejor y cada vez un poquito más cerca, para acabar encimista. ¡Vaya sosez! Menos mal que volvió el riojano por sus fueros matando al bicho de una soberbia estocada de ejecución y colocación. El presidente le concedería -ya que no hubo petición suficiente, esto es uno de cada dos-, la oreja. En el cuarto se repitieron las escenas, el toro -aunque parezca increíble, y el premio… y la Puerta Grande se abrió para regocijo de gentes y cantos épicos de los juglares del sistema. Corretón, distraído, a su aire, con poco trapío y dos velas, el toro fue lanceado por verónicas hacia los medios, cada vez más parado. Mal lidiado en varas, al menos Urdiales nos regaló otras magistrales verónicas, dignas del mayor aplauso; la lástima es que el toro no podía con el rabo. Por eso no lo picaron en la segunda entrada. ¡Bravura desbordante! La única historia en banderillas, fue que nadie quiso hacer un quite a los peones…, compañerismo puro. No dudamos de que hubo un comienzo del riojano con gusto, especialmente en un muletazo, pero el toro acabó también genuflexo. Luego vino la repetición de la faena previa, con un toro que sólo admitía tres pases por serie -escaso de fondo- y los de pecho resultaban complicadísimos; unos doblones con mucho movimiento al final, y la cosa hubiese acabado en nada si no fuese porque dio una buena estocada (no tanto como la primera; buena ejecución y caída de posición), y la gente pidió masivamente la oreja (ahora sí). El bravísimo animal, entiendan la ironía, se fue a morir a tablas, aguantó un poco, y fue clamorosamente ovacionado.
A Roca Rey le tocó un tercer toro, de poco trapío (casualidades de la vida), que se cayó de salida varias veces (invisibilidad desde el palco), y sin lance capotero que señalar, mal colocado, pasó por varas, como quien pasa por el control aduanero del aeropuerto… maltratado por los que mandan. Roca después de como 3 o 4 minutos de espera ………………… le hizo un remedo de gaoneras, que fueron trallazos que tanto encandilan a la gente. Si se dan templados y mandando al toro hacia la espalda, no se aplauden, claro. Aunque Viruta lo trabajó bien, su actitud frente a parte del público, lo pone a los pies de los leones. Dedíquese usted a otra profesión si no gusta que critiquen a su jefe. Roca Rey comenzó ………………… por estatuarios ………………… larga pausa para dejar respirar al toro ………………… y dio un recital ………………… de toreo de paso atrás, fuera, en paralelo y despidiendo el toro tan hacia el más allá que un día se le va a descoyuntar el brazo, o la mano, del muñecazo final que ejecuta ………………… Y así ………………… una ………………… y otra vez ………………… El toro, aunque tenía buena voluntad y toreabilidad, la verdad es que se aburría bastante y cada vez fue a menos ………………… 9 minutos después ………………… Roca se puso encimista, sonó un aviso y le despenó de una estocada entera echándose fuera. No hubo recompensa orejil, ¡qué le vamos a hacer! En el quinto, un animal ahorasí con trapío, pero inválido, que se caía a cada paso, le daría unas verónicas sin interés. Sin picar, aunque pareció tener mejores maneras que sus hermanos, se cayó a la salida de la primera, quitó Roca ………………… como un minuto después de la segunda vara, se cayó el toro, y replicó sin mayor cosa que contar Aloi, que era al que le tocaba. Otro que ya veremos si repite con el astro peruano… Dos buenos pares en banderillas y dos minutos y cinco segundos después del cambio de tercio ………………… Roca le dio el primer muletazo ………………… y va el toro y se cae y volvería a hacerlo el malaje. De rodillas, que es lo que la gente aprecia, le dio espaldinas y lo que fuera, sin llevarlo, dejándolo pasar, efectista y valiente, y la gente ya no perdería ese entusiasmo general durante una faena ………………… de las de siempre …………………, tan sólo en el tercer muletazo se lo metería un poquito pero en el cuarto ………………… el toro ya se caía………………… series de noria, sin ajuste ………………… y el toro que se vuelve a caer ………………… Hizo el bicho, vista su incapacidad, ademán de rajarse hacia las tablas y volveríaa hacerlo en las siguientes. Pero que si quieres ………………… ahí siguió porfiando Roca ………………… en La historia interminable de Michael Ende, alargando el brazo ………………… y dando mucha salida con el muñecazo final hacia las afueras. Con el toro semiagónico ………………… dio un circular entre el entusiasmo general, ………………… para terminar con su encimismo habitual ………………… y sonó el aviso antes de matar. Dejó un pinchazo bajo, aguantando, y una estocada entera, contraria, alargando………………… el brazo. Y cayó la deseadísima oreja que, de nuevo, regaló el palco con escasa petición (volvemos a que haya uno de cada dos…).
La gente salió contentísima, el sistema más, la Prensa del Movimiento eufórica, el taurinismo rampante, la empresa satisfecha, el Rey Felipe VI... no sabemos si dormirá hoy en el sofá, y los aficionados de aquella manera. ¡To er mundo e güeno!