En termodinámica, se utiliza el término de punto crítico para referirse a un momento donde no hay distinción clara entre fase líquida y fase gaseosa. En matemáticas, los puntos críticos son importantes porque pueden indicar donde una función cambia su crecimiento (de creciente a decreciente o viceversa). Ambos conceptos, si bien lejanos al ámbito de la Fiesta de los Toros, son muy ilustrativas de la situación actual de la Plaza de Toros de Las Ventas, o como se llamó toda la vida, la Plaza de Madrid. La fase líquida —la curva creciente— que representan la tradición, el rigor, la exigencia, la liturgia, el rito sacrificial, la solemnidad, la verdad, la vida, la muerte, los valores inmanentes a la fiesta de toros… La fase gaseosa —la curva decreciente— que representan la juerga, el buenismo, el alcohol, la inmediatez, el todo vale, lo previsible, artificial y fatuo.
Los días de aluvión, los aficionados más conspicuos comentan en los corrillos que la de Madrid ya es una plaza más, que ya no se respeta el rito, que el primer tercio ha dejado de existir, que sólo importa una faena de muleta consistente en una falsa ligazón a cualquier precio que evita siempre el contraste con los cánones del toreo. Que el toro que matan las figuras no tiene nada que ver con el animal serio, fiero e íntegro que debiera ser. Que no queda apenas afición y que, la que hay, está resignada a lo que la masa le impone; que, en definitiva, esto se acaba.
Sin embargo, pese al indudable declive, Madrid sigue siendo el faro de la Fiesta de los Toros. Tres son los pilares en los que se sustenta esta luminaria: el Toro de Madrid, su temporada y su afición.
En Las Ventas sigue saliendo, en ocasiones, el Toro, y siempre que aparece el Toro, la verdad de la Fiesta está presente; este animal totémico genera interés y atracción en no pocos aficionados que acuden, tarde tras tarde, ilusionados, a su encuentro. Habrá quien argumente que el toro de Madrid ha bajado frente al de otros tiempos, pero es indudable que el toro que sale en Madrid, junto con el de Pamplona, es el más serio de los que pisan los ruedos del país.
Por otra parte, la temporada de Madrid es el tejido que vertebra la Fiesta de los toros en España, significa su continuidad temporal, la arteria principal que sirve de sustento al resto de ferias y festejos mayores que se celebran a lo largo de nuestra geografía. Hilo de vida para toreros jóvenes o veteranos que acuden a Madrid con ansias de propulsar su carrera; escaparate que ayuda a la supervivencia de ganaderías que, si no fuera por Madrid, apenas lidiarían a lo largo de la temporada. Cimiento, en definitiva, de la Fiesta.
Como elemento que da sentido y que propicia el Toro y la temporada, está la afición de Madrid que, aunque todos quisiéramos que fuera más abundante, es indudable que existe, pues de no existir, toro y temporada hace tiempo que habrían desaparecido. El poco o mucho rigor que aún conserva la Plaza de Madrid es, sin lugar a dudas, mantenido por su afición. Prueba de la importancia de la afición de Madrid es la fuerza que irradia en torno a las proximidades geográficas de la capital. Tradicionales festejos de carácter torista como los celebrados en el Valle del Tiétar siempre fueron lugar de encuentro de la afición de Madrid; ferias ya consolidadas con cada vez más peso en el calendario taurino como El Alfarero de Oro y el Alfarero de Plata en Villaseca de la Sagra pueblan sus tendidos de aficionados de Madrid. Incluso en los últimos años ha surgido el nuevo proyecto, el del Club Taurino 3 Puyazos en San Agustín del Guadalix, donde un grupo de aficionados —buena parte de ellos, criados y formados en la Plaza de Madrid—, intentan ofrecer la Fiesta de los Toros en toda su grandeza y verdad poniendo como centro, como no puede ser de otra forma, al Toro.
Esta situación ambivalente relatada representa un punto crítico en cuanto al estado de la Fiesta en Madrid, pues cualquier cambio o modificación en esos pilares mencionados, pueden desencadenar un “cambio de fase” en el fluido que constituye su plaza. Son varios los peligros que acechan a este equilibrio que pueden desencadenar en tragedia. Por un lado, una empresa, en ocasiones desnortada, orientada únicamente en su legítimo afán de obtener réditos económicos que no es convenientemente fiscalizada por una Comunidad de Madrid que le deja hacer y deshacer a su antojo. Como resultado de esto, el rigor en la Plaza cae en picado y amenaza, cada vez más, a una afición que se siente acosada, señalada y cansada. Y ya sabemos que sin el pilar de la afición, Madrid cae. Por otro lado se acercan nubarrones que provocan justificados miedos entre los aficionados por el reciente anuncio de obras en la plaza de Las Ventas desde el año 2026 al 2031. Obras completamente necesarias visto el deficiente estado de la estructura de la plaza que jamás debería haber llegado a este punto, pero que ha sido provocado por la dejadez de la administración durante décadas. Ya se ha anunciado que, durante las obras, se dejarán de celebrar los habituales festejos de temporada correspondientes a los meses de marzo y abril y, entre los aficionados, cunde el temor de que estos festejos no se recuperen una vez finalizadas los trabajos.
Ante la pasividad de los estamentos taurinos y la, en el mejor de los casos, connivencia de las distintas administraciones, queda sobre las espaldas de la afición el peso de defender, sostener y, por qué no, promocionar, los pilares de la Fiesta en la Plaza de Madrid: su Toro y su temporada. En eso estamos.
Carlos Rodríguez-Villa Rey
Presidente de la Asociación El Toro de Madrid
Artículo publicado en la revista del Club Taurino de Pamplona 2025
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