DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Domingo 3 de mayo, San Felipe apóstol. En tarde fresca, primaveral, nublada y ventosa se ha verificado un encierro de la divisa portuguesa de Couto de Fornilhos, de procedencia Conde de la Corte y D. Atanasio Fernández. De aceptable e igualada presentación destacó por su trapío el corrido en sexto lugar. Interesante encierro por el buen juego en la muleta de varios de los ejemplares. Asisten 5.623 espectadores según la empresa.
Mario Arruza (presentación), de azul noche y oro, con cabos blancos: aviso antes de entrar a matar, estocada trasera muy tendida en la suerte contraria perdiendo la muleta (silencio). Pinchazo en la suerte contraria y estocada tendida en la suerte contraria (silencio).
Cristian González (presentación), de azul noche y oro con cabos blancos: estocada perpendicular y atravesada –aviso- (vuelta al ruedo tras leve petición). Estocada atravesada y caída en la suerte contraria (saluda ovación).
Juan Alberto Torrijos, de rosa y oro con cabos blancos: estocada caída en la suerte natural (vuelta al ruedo tras petición minoritaria). Pinchazo en los bajos en la suerte contraria; estocada caída tras pantallazo con el novillo mirando a tablas (silencio).
Presidente: D. Juan Carlos González Carvajal. Bien en líneas generales no concediendo la oreja ante peticiones minoritarias en el segundo y tercer novillo de la tarde. Se equivocó –creo que fue un error –al cambiar el tercio con tres palos en el quinto.
Tercio de varas: Desinterés total de todos los implicados en hacer bien las cosas. Por parte de los matadores, al colocar los novillos en suerte de manera calamitosa y no sacarlos del peto cuando la evidencia así lo reclamaba. Por parte de los de plata por su mala colocación durante el tercio, llegando a molestar y distraer a los novillos durante el mismo con su presencia en las proximidades del caballo. Por parte de los picadores por su mala ejecución de la suerte en la manera de citar de costado e incluso, en ocasiones, con la grupa, por no echar la vara adelante y esperar a que los novillos se empotraran contra el muro, por picar trasero –nótese que si se rectifica un puyazo, el sentido común indica que la nueva colocación de la puya ha de ser mejor que la previa- por tapar la salida y por no administrar el castigo con primeros puyazos criminales y segundos puyazos consistentes en picotazos testimoniales. En fin, un desastre.
Cuadrillas: Destacó la cuadrilla de Juan Alberto Torrijos en el sexto novillo de la tarde, saludando ovación Felipe Gravito tras una buena brega y Sergio Pérez después de un buen par de banderillas.
1. VAQUEIRO-14: negro bragado meano de 512 kg de peso. Empuja en la primera vara con la cara a media altura llevando al caballo contra las tablas y llegando incluso a derribar. También derriba en la segunda entrada pero más por impericia del jinete que por el empuje del novillo. Sale suelto barbeando las tablas. Persigue en banderillas aunque se duele. Muy encastado en la muleta, con fijeza y prontitud en su embestida. Buen novillo que fue ovacionado en el arrastre.
2. HIERRÁTICO-32: negro bragado de 475 kg de peso. Largo, sin excesos. Discreta pelea en la primera vara. Se arranca con viveza en la segunda, pero apenas recibe un picotazo. Muestra cierta escasez de fuerzas en los dos primeros tercios. Noble, con fijeza y prontitud en la muleta. Palmas en el arrastre.
3. ALVORADO-7: negro de capa y 477 kg de peso. De aceptable presentación; cómodo de cara pero astifino. Muestra su condición mansa al salir suelto según siente el hierro en la segunda vara. Manso con nobleza y movilidad. Palmas en el arrastre.
4. ANTÍLOPE-58: negro de capa y 522 kg de peso. Algo más rematado aunque cómodo de cara, sin excesos. Cumple bajo el peto en la primera vara pero sale suelto; arremete con genio en la segunda saliendo también suelto. Mansito, nobletón que va a menos. Silencio en el arrastre.
5. VESPERTINO-53: negro de capa y 493 kg de peso. Bien presentado. Se desentiende mediado el primer puyazo tras el que muestra al menos tres orificios de entrada de la puya. Se deja pegar en la segunda. Acusa la infame lidia y llega reservón y con la cara alta al tercio de muerte. Silencio en el arrastre.
6. JACOBINO-65: negro bragado meano de 518 kg de peso. Bien presentado. El de más trapío de la tarde. Cumple en la primera vara en un durísimo puyazo para salir suelto en la segunda. Noble y con movilidad en la muleta. Palmas en el arrastre.
Después de la gran entrada del 2 de mayo –que ya se sabe que cuando vienen los políticos hay que recibirles en olor de multitudes, no vaya a ser que nos cierren el grifo –se registra al día siguiente la peor entrada de lo que llevamos de temporada para asistir a una novillada del hierro portugués de Couto de Fornilhos con dos novilleros debutantes en la plaza de Madrid y un tercero que, según versa el programa de mano, hizo lo propio ante novillos de Los Chospes el julio pasado. Y mucho me temo que la próxima vez que vuelvan a pisar el ruedo venteño tendré que refrescar de nuevo mi memoria con el programa de mano, pues no recordaré ni uno sólo de los lances ofrecidos hoy en la plaza por ninguno de los tres actuantes.
Sí que recordaremos el buen juego ofrecido por los atanasios portugueses que, haciendo honor a su procedencia, fueron fríos y más bien mansos en varas pero que tuvieron mucha movilidad en el último tercio. Si la pericia de los de luces hubiera sido otra, al menos tres de los ejemplares corridos hoy en Las Ventas se hubieran ido sin las orejas al desolladero.
El mejor novillo fue corrido en primer lugar y le correspondió en suerte al novillero conquense Mario Arruza. Tras unos lances de recibo sin mayor compromiso derribó el novillo hasta dos veces en el primer tercio y persiguió en banderillas. El animal que, no obstante, había mostrado su condición mansa, embistió con codicia y casta en el tercio final desbordando por completo al de Mota del Cuervo, que no pasó de recetar series descompuestas de derechazos y naturales sin mando alguno sobre la embestida del novillo. A su segundo, con menos casta pero también noble y con movilidad, Arruza lo recibió con lances irrelevantes. Tras un duro castigo en el primer puyazo –no fuera a ser que se le subiera también a las barbas –llegó al tercio de muleta con menos pies y ahí el novillero tuvo que poner más de su parte para que el burel tomase el engaño. En esta tesitura, el repertorio de Mario Arruza no salió de los banderazos, de la descolocación y del meter pico una y otra vez. Actuación para el olvido.
También tuvo un novillo para hartarse a torear el salmantino Cristian González. El burel mostró síntomas de falta de fuerzas en los primeros tercios pero se vino arriba en el último embistiendo con nobleza y prontitud. El de Guijuelo sólo fue capaz de acoplarse con el novillo en la parte final de la faena con el animal ya venido a menos, pero hasta entonces no fue capaz de dominar una embestida que, por otra parte, tampoco era ningún vendaval de casta brava. Cerró su faena con unas bernadinas por un solo pitón y aprovechó la minoritaria petición de sus más allegados, para pasear una vuelta al ruedo que no sé yo si le servirá de mucho. Con su segundo, que hizo quinto, tras una carnicería en varas y un sainete por segundo tercio, llegó el burel cansado de tanta afrenta y mermado por todas las perrerías sufridas por lo que no regaló ni una embestida clara y boyante como las de sus hermanos. Lo más destacable de la actuación de Cristian González fue una meritoria tanda por el pitón izquierdo en la que mostró firmeza ante un novillo que, tras lo padecido, se desplazaba con la cara alta y sin regalar nada.
También se cumplió el aforismo que dice que no es lo mismo torear que dar pases en la actuación de Juan Alberto Torrijos. Pues el toreo, y más en concreto, la lidia, consiste en adaptar sus distintas suertes a la condición de la res a lidiar. Ilustro lo comentado refiriendo los lances a pies juntos que recetó el de Linares al tercer novillo de la tarde, novillo éste que embestía con poco celo y distraído y hubiera requerido de capotazos que ayudaran a fijar su embestida; o el galleo por chicuelinas para dejar el toro en suerte que termina con el animal en el burladero del ocho y el caballo de picar a la altura de la Puerta Grande. En el tercio de muleta, tras una lidia desordenada, el novillero intentó dar distancia al astado, acudiendo el animal pronto a los cites, pero todo quedó en esa buena voluntad, pues el resultado es que la muleta iba por un lado y el animal por otro, mucho trapo por los aires y poco temple y toreo. Otro buen novillo en la muleta desaprovechado por la impericia de los de luces. No obstante, tras otra ridícula petición y visto lo sucedido en el anterior novillo, ni corto ni perezoso, Juan Alberto Torrijos se regaló a sí mismo una inexplicable vuelta al ruedo. El sexto novillo de la tarde salió muy aquerenciado y algo abanto, mirando una y otra vez al callejón pero sin terminar de decidirse a saltar al mismo. Tras una buena brega por parte de Felipe Gravito no consigue acoplarse a la embestida con un puntito de exigencia que ofrecía el novillo, – no vayamos a pensar que era un tejón, que no lo era –muletazos violentos carentes de temple y mando se sucedieron por uno y otro pitón y sólo llega a acoplarse a la embestida del novillo en una última tanda con la izquierda a pies juntos con el novillo venido a menos. Mató en la suerte contraria tras pinchazo en los bajos y estocada caída.
En definitiva, la manejable e interesante novillada de Couto de Fornilhos terminó marchándose al desolladero con las orejas intactas, desaprovechada por una terna huérfana de recursos y oficio. Queda la honda frustración de una tarde en la que hubo evidente materia prima para el triunfo, pero sobraron las ventajas, la descolocación y la falta de capacidad lidiadora.
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