Este último sábado 26 de septiembre, ha tenido lugar en él Aula Cultural de la Plaza de Toros de Zaragoza “La Misericordia”, auspiciada por la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de toros de España (ANPTE), la VII Jornada Técnica con el pomposo título de “La Integridad de los Espectáculos Taurinos”. He echado en falta en apoyo al acto a la presumida Fundación Toro de Lidia y a las distintas asociaciones y uniones ganaderas, y mira que hay. ¿Acaso no les interesa cuando se tratan temas del toro, no son los ponentes de su cuerda, o es que, en cuanto les sacan del negocio del precio de la carne, lo demás no importa?.
De los plumillas del sector tampoco se tuvo noticia, ni presencia o comentario alguno sobre el asunto a tratar. Empeñados en gesticular, de manera desmesurada, en los distintos medios, la actividad únicamente de las “figuras” del elenco, sin atender debidamente los distintos aspectos de los espectáculos taurinos (toros, novilladas, toros en la calle, festejos populares y tradicionales, recortadores, etc…)
Debo manifestar mi apoyo incondicional a este y a cuanto acto respalde, reflexione y abunde sobre la Tauromaquia, su significado y por supuesto sobre la regulación del espectáculo.
Pero dicho esto, me gustaría considerar ciertos aspectos que merecen, creo yo, resaltar.
ANPTE, como así se manifiesta, debe ser punto de transmisión y consenso entre las distintas administraciones y los presidentes de plaza, dando formación y adecuación a las distintas tradiciones españolas. El “convenio de colaboración” en el que seguro se estará ya trabajando, podría ser la cadena de transmisión que tanto demandamos los aficionados.
Ante esta temporada, funesta, muy a pesar de los premios que se han concedido, por presidentes de esta entidad, de otras y demás espontáneos del palco, deberíamos reflexionar sobre ese “mediotoro” que se nos ha impuesto. Nos dicen que es el tipo de toro que demandan los públicos de ahora, pero en la inmensa mayoría de plazas se arrastra por el ruedo manifestando su “calidad” -terminó que no he podido entender nunca- y “bondad”, ahora cualidades más destacables del toro de lidia.
Mediotoro que se nos presenta afeitado, arreglado o como quieran llamarlo. El toro no llega a las plazas integro, y no hay más que verlo, parece que administraciones y presidentes sigan las pautas de las reglamentaciones de Espectáculos Taurinos Populares “las astas estarán claramente despuntadas”, sino no podemos entender que el laboratorio de Canillas no esté, para su análisis repleto de cuernos -cuernos, los toros tienen cuernos, astas son las de ciervos, corzos y gamos-.
Repetiremos hasta la saciedad el gran mal en cuanto a la integridad del toro, que nos ha traído el siglo, “las fundas”, y aquí vuelvo a insistir, D. Ricardo Gallado (ganadero de Fuente Ymbro) fue el primero en extender su uso y abuso. Urge una reglamentación a nivel estatal que legisle esta repugnante actividad.
La tauromaquia es éticamente coherente porque respeta la animalidad e integridad del toro, permitiéndole expresarse en leal lucha, donde el torero arriesga su vida. Para ello este ha elaborado unas reglas y normas para el desarrollo del festejo, reglas que ha de cumplir a rajatabla; si no lo hace se comporta de forma deshonesta.
Sin ética no podemos defender la integridad.