Rafael García Garrido, puño de hierro en guante de seda
Habían pasado dos años desde su última intervención en la tertulia de la Asociación el Toro de Madrid y Rafael García Garrido, ya ha dejado atrás la imagen de tímido recién llegado.
Con todo el papel vendido, como viene siendo habitual en este elevado foro, se presentó don Rafael arropado por su guardia de corps, de la que apenas tuvo que echar mano, puesto que el jefe de Plaza 1 se desenvolvió con una vehemencia pocas veces antes vista en el Puerta Grande. El auditorio escuchó respetuoso al ponente y, la lectura del insigne presidente Carlos Rodríguez de las diferentes reivindicaciones de este significado club, eran respondidas con una soberbia que, por momentos, parecía preventiva; ya se sabe la máxima de que “la mejor defensa, es un buen ataque”, en varias ocasiones acusó sin empacho de “demagógicas”, algunas quejas y sugerencias.
El antes tímido y recién llegado, se había transformado, por mor de los exitosos y fríos crematísticos números en un tiburón de Wall Street, castizo, pero tiburón. Naturalmente las intervenciones de los asistentes fueron subiendo de tono, pero en ningún caso se perdieron las formas, en todo caso, era el invitado quien más parecía buscar el cuerpo a cuerpo, se sentía cómodo. El tímido recién llegado, ya no es tal: ni tímido, ni recién llegado.
Escuchó y respondió cuantas observaciones se le hicieron, pero no dio la sensación de que vaya a mover un dedo por subsanar nada de lo realmente nuclear, eso sí, toda su creatividad e innovación y respeto por el rito -frase que se manoseó hasta la náusea-, se ve que no incluye la instalación de una romana para el pesaje de los caballos de picar, “si no se ha hecho en noventa años, por algo será”. Innovaciones sí, pero sólo las que impliquen ensanchar la andorga.
Se criticó, con razón, la barra libre de los abonos gratuitos, infame eufemismo utilizado para no decir que, somos los abonados a quienes se nos conmina a subvencionar a dos millares de gentes que, en buen número, se pasan el regalo por el DNI. Los jóvenes son constantes y faltan lo justo (San Isidro cae en plenas fechas de exámenes), pero la plaza no se ha llenado nunca a pesar de los reiterados “No hay billetes”. Tristísimo el aspecto de las andanadas.
Mucho nos tememos que la temporada 2026 será, mutatis mutandis, la misma que la recientemente concluida. Los carteles serán los mismos, con lo que los previsibles y aburridos bípedos y cuadrúpedos habituales, a los que se hizo mención durante la sesión, volverán a ser de la partida. De esto, quizá no tenga la culpa por entero Plaza 1, ya que se supone que el sistema impone sus condiciones, pero mucho me temo que la actual gestionaría de la plaza de Las Ventas, ya forma parte ¿de hoz y coz? del “sistema”. Llegó para eliminar a la casta, pero ya se ha hecho casta. ¿Les suena?
Es de agradecer que don Rafael tenga la deferencia de acudir a estas ágoras, claro que de no ser así, sería definitivamente sospechoso, mas, y perdón por el consejo, en lo sucesivo, debería tratar de recuperar la templanza y humildad de sus primeros tiempos. A lo peor el éxito ha transformado al Dr. Jekyll.
La reunión se alargó dos horas y media, no recuerdo nunca haber asistido a una conferencia de tamaña duración y, prácticamente terminamos todos los que la empezamos.
Manifiestamente se quedaron en el tintero un montón de observaciones más, como el errático funcionamiento de la web oficial de Las Ventas o lo sola que se queda la Sala Bienvenida durante el largo invierno (¿no se podría programar un ciclo de cine taurino presentado por algún cinéfilo de fuste?). La propietaria del edificio es el Centro de Asuntos Taurinos, pero la sinergia del CAT con Plaza 1 parece una luna de miel eterna; la de hiel corre por cuenta de otros.
De la discoteca, el terraceo y las cenas pantagruélicas, hablaremos la próxima temporada.
Escrito por Bienvenido Picazo, aficionado y abonado del tendido 9.