DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Sábado 16 de Mayo 2026. 8ª de la Feria de San Isidro. Día de la Tauromaquia.
En tarde soleada, de agradable temperatura y con lleno en los tendidos, se lidiaron 5 toros de la Quinta y uno como sobrero corrido en segundo lugar de José Manuel Sánchez.
Los dos primeros de la Quinta muy justos de presentación, más serios los últimos tres, cinqueños. Encierro descastado, manso y ayunos de poder los de la Quinta. El de José Manuel Sánchez fue un cinqueño feo y mansurrón.
Al finalizar el paseíllo se guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de José Gómez Ortega “Joselito el Gallo” o “Gallito”, en el 106º aniversario de su muerte en la plaza de toros de Talavera de la Reina.
El Cid (Azul cobalto y oro): Estocada entera baja y cuatro descabellos; cuatro pinchazos y media estocada. (Silencio en ambos).
Álvaro Lorenzo (Caldero e hilo blanco): Estocada entera (silencio); Estocada casi entera tendida (silencio).
Manuel Diosleguarde (Blanco y oro). Confirmó la alternativa con el toro “Vendaval”. Pinchazo hondo y estocada entera tendida (ovación con saludos); Media estocada y tres descabellos (ovación con saludos tras aviso)
Entre las cuadrillas, únicamente destacó Iván García, que escuchó una calurosa ovación tras parear con solvencia al tercero de la tarde.
El día de la tauromaquia tiene que ser, por derecho, el 16 de Mayo. No por capricho, sino por el respeto y admiración que se honra a Joselito el Gallo. No vamos a descubrir ahora la talla artística del considerado rey de los toreros, aunque nunca es mal momento para rememorarle como uno de los grandes impulsores de la democratización del toreo, diseñando plazas de toros monumentales con gran capacidad y variedad de precios para cubrir las necesidades del público que pasa por taquilla. Más de un siglo después de su muerte, el concepto sigue vigente. Eterno Gallito. Siempre en la memoria de Madrid, aunque no siempre de la actual empresa, que en alguna ocasión ha permitido que haya jornada de descanso en la isidrada en este día tan señalado. Además de empresa hay que ser aficionado y tener la sensibilidad que se pide para otro tipo de detalles mucho más inocuos.
En el día de la tauromaquia falló el elemento principal de la Fiesta, el toro. Cuando no hay toro es imposible que haya espectáculo. La corrida de la Quinta fue la antítesis de lo que se espera ver en una tarde con santacolomas en el cartel. Si bien en otro momento el pelo cárdeno de los astados herrados con la “C” era sinónimo de casta y emoción, actualmente podemos decir que cualquier tiempo pasado fue mejor en la familia Martínez Conradi. La corrida nunca despegó ni trasladó la emoción necesaria para sostener un espectáculo que fue decayendo con el paso de los astados.
Manuel Diosleguarde comenzó su tarde de confirmación de alternativa con un buen saludo capotero por verónicas. Brindó al público en una extraña manía reciente extendida en los confirmantes modernos. Un brindis, el de la confirmación que al igual que el de la alternativa, debiera quedar reservado para esa persona especialmente importante en la vida o carrera de un torero. Modas… La faena transcurrió entre medias embestidas y un calamocheo molesto hasta conseguir una meritoria tanda al natural. Saludó la ovación.
El que cerró plaza tampoco ofreció grandes posibilidades para el triunfo. Diosleguarde mostró voluntad, por momentos atropellada, siendo una faena basada en el unipase. Escuchó un aviso antes de saludar la ovación que ponía fin al festejo.
Volvía el Cid a Madrid después del 2 de Mayo. Su primero de la Quinta fue devuelto por falta de fuerzas después de humillar en un buen puyazo. En su lugar saltó un sobrero de José Manuel Sánchez. El cinqueño no podía ocultar su origen murubeño. La gestión de los sobreros por parte de la empresa es algo que no ofrece un fácil entendimiento para el aficionado. Parece razonable comprender que en una corrida de procedencia Santacoloma, los sobreros debieran ser de un origen semejante. Es difícil pensar que en el campo bravo se pueda encontrar algo más distante, tanto por hechuras como por comportamiento, entre ambos encastes. Después de la devolución de trastos, el Cid realizó una faena laboriosa, en la que el cabeceo molesto del burel derivó en muletazos con poco ajuste y eco. Saltó el cuarto, un ejemplar bien armado que hizo sonar el estribo como prólogo a lo que fue su condición huidiza. Sacó a flote los peores defectos de su origen, saliendo con la cara alta de cada muletazo desentendiéndose de la muleta de Manuel Jesús. Poco pudo hacer el de Salteras cuyo paso por San Isidro ha sido intrascendente. La ilusión de su vuelta al ferial nos había llevado a soñar con aquellas faenas con la mano izquierda, distancia y empaque frente a cárdenos de embestida humillada y encastada. Aquel recuerdo tendrá que esperar a ser revalidado.
Completaba el cartel Álvaro Lorenzo, que tuvo que medirse a un anovillado cuatreño al que se le simuló el tercio de varas. Después de contemplar, una vez más, la solvencia de Iván García con las frías que se encuentra en un gran momento, con la franela no hubo acople ni en terrenos ni en distancias. Lo pasaportó de una estocada entera en el hoyo de las agujas. Escuchó silencio al igual que en el quinto, que también presentabas las dificultades de la falta de casta, calamocheo y cara alta por ambos pitones.
En el día de la tauromaquia tampoco se vio un tercio de varas que reflejase lo que debe ser ese tercio, no hubo derroche de bravura precisamente, pero tampoco una ejecución pulcra de los del castoreño, puyazos simulados, traseros y caídos que no se mejoraron tampoco con las diversas rectificaciones.
Le pese a quien le pese, es el toro el que marca el rumbo de la Tauromaquia. El que refleja el estado de la Fiesta y el que permite que la lidia de un toro pueda ser vista como una batalla, un arte o una mera representación teatral.
Haga clic encima de cada imagen para poder ampliarla.