Invitados: D. Ignacio Pérez-Tabernero Silos
Presentación del invitado, por Alberto González
Buenas tardes a todos, socios, aficionados y amigos que nos acompañan hoy en esta, nuestra casa, trinchera insobornable de la defensa de la integridad de la Fiesta y de la primacía del toro bravo.
Es para mí un honor, y al mismo tiempo una responsabilidad mayúscula, presentar al ganadero que hoy ocupa nuestra mesa. Hoy no recibimos simplemente a un criador de reses bravas; recibimos a un eslabón vivo de la historia de la Fiesta de los Toros, al guardián de una sangre y de un apellido sin los cuales es imposible explicar la evolución del Campo Charro durante el último siglo. Está con nosotros Ignacio Pérez-Tabernero Silos, quien, junto a sus hermanos Joaquín y Fernando, comanda la vacada que, tras varias décadas, vuelve a anunciarse oficialmente desde 2023 como Hijos de D. Ignacio Pérez-Tabernero.
Hablar de este hierro es adentrarse en las raíces mismas de la cabaña brava salmantina. Para entender lo que hoy pasta en los cercados de "Galleguillos" en Salamanca y de "Gamonal" en Cáceres, es imperativo mirar atrás. Debemos remontarnos a la figura patriarcal del abuelo de nuestro invitado: Don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, aquel hombre de las largas patillas y la sonrisa bondadosa, conocido en el orbe taurino como "El Patillas".
Muchos aficionados dicen —y en esta Asociación conocemos bien la historia— que la ganadería más brava que ha pastado jamás en Salamanca fue la de Graciliano Pérez-Tabernero, el hermano mayor de Alipio. A los "gracilianos" se les bautizó como "los Miuras de Salamanca" por su fiereza indómita y su agresividad. Eran el contrapunto exigente al toro que, poco a poco, empezaba a demandar el toreo moderno. Sin embargo, la historia del toreo es caprichosa, y fue precisamente un "graciliano" noble, de nombre Corchaíto, el que el 24 de mayo de 1928 permitió a Manuel Jiménez "Chicuelo" realizar la primera faena moderna, estática y ligada en redondo.
En ese fascinante contexto de dualidad familiar, entre la fiereza de Graciliano y la búsqueda de un toro más toreable, emerge la figura de Alipio. El abuelo de nuestro invitado, tras iniciarse en 1911 con la parte heredada de su padre y el ganado Murube de su hermano Antonio, dio un golpe de timón fundamental. Primero, comprando vacas a su hermano Graciliano en los años 20 y, sobre todo, incorporando en 1933 a un animal que cambiaría el destino de la casa: "Hornero", hijo del gran semental "Mesonero". Si "Mesonero" fue el pilar sobre el que se edificó la leyenda de Graciliano, "Hornero" fue el arquitecto de los "alipios".
La ganadería de Alipio vivió una auténtica edad de oro en nuestra plaza de Las Ventas, un escenario que la familia de nuestro invitado conoce palmo a palmo. Durante veinte años, los "alipios" fueron imprescindibles en Madrid. Estuvieron presentes en la fundación de la Feria de San Isidro en 1947 y fueron la base casi inamovible de la prestigiosa Corrida de la Prensa entre 1944 y 1964.
Es de justicia recordar hoy, para contextualizar la estirpe de nuestro invitado, el palmarés impresionante de su abuelo en este ruedo y en las plazas de responsabilidad. Nombres que resuenan en la memoria como Fragoso, al que Manolete cortó el rabo en Valencia en 1941. Y en Madrid, toros célebres como aquel de la Prensa de 1944; o la tarde triunfal de 1948 con Antonio Bienvenida, Rovira y Paquito Muñoz saliendo a hombros; o el toro Grajito, premiado como el más bravo de San Isidro de 1957. Incluso la alternativa de una figura máxima de la tierra, Santiago Martín "El Viti", tuvo lugar en 1961 con un toro de la casa llamado Guapito. Alipio buscaba la nobleza, el toro que permitió soñar a las figuras; un animal con clase, humillador y de embestida franca que propició tardes de gloria para Pepe Luis Vázquez, Aparicio, Litri o Gregorio Sánchez.
Sin embargo, la historia de la ganadería que hoy nos ocupa da un giro dramático, valiente y romántico con la siguiente generación. Don Alipio tuvo seis hijos varones. Mientras otros hermanos tomaban derroteros distintos el padre de nuestro invitado, Don Ignacio Pérez-Tabernero Sánchez, optó por un camino personal y diferenciado.
Don Ignacio, el tercer hijo de "El Patillas", fue un hombre de gran intelecto, buen estudiante, que decidió sin embargo quedarse en el campo. En 1958 comienza su andadura en solitario. Y aquí se produce el hecho diferencial que nos trae hoy aquí: mientras la moda empujaba hacia la comodidad, Ignacio buscó la bravura auténtica.
Para ello, adquirió el viejo hierro de Ayala —aquel hierro con la "A" que llevaba el toro Granaíno, tristemente célebre por la muerte de Sánchez Mejías en Manzanares—. Una trágica coincidencia quiso que, cuarenta años exactos después de aquella muerte, otro toro de la familia, Cuchareto, acabara con la vida de José Falcón en Barcelona.
Pero más allá del hierro, lo crucial fue la alquimia genética. Don Ignacio se llevó a la finca "Galleguillos" lo mejor de la casa de su padre, vacas de origen Graciliano/Santa Coloma, y tomó una decisión que definiría para siempre el carácter de su ganadería: mirar hacia la rama Saltillo de Santa Coloma, mirar hacia Buendía.
Si la línea de Alipio se había atemperado con los años, Ignacio quiso devolverle la emoción. Gracias a la mediación de Fernando Carrasco, introdujo sangre Buendía en los años 60. Primero con la compra del semental "Fuentecillo-35", un toro cárdeno, bajito, de hechuras perfectas. Y luego con otros tres sementales prestados que refrescaron la sangre: León, Rondeño y Aguacate. Más tarde llegaría Capitán, de la ganadería de Carmen Espinal (propiedad de Paco Camino), también origen Buendía puro.
Con estos mimbres, Don Ignacio creó un toro distinto al de sus hermanos. Un toro con la casta y el temperamento de Saltillo, mayoritariamente cárdeno, bajo de agujas, de mirada viva. Un toro que las figuras empezaron a rehuir porque la casta verdadera plantea problemas que no todos están dispuestos a resolver.
Así, la ganadería, que llegó a lidiarse bajo el nombre de "El Tomillar" y luego con el propio nombre de Ignacio, se vio desplazada de las ferias comerciales hacia el circuito de las novilladas y las plazas toristas, especialmente en Francia. Pero ¡qué trayectoria en ese circuito exigente! Plazas como Vic-Fezensac han sido testigos de la casta de estos animales, con toros inolvidables como Pajarito y Serranito, o el éxito en Dax en 2007. Y en España, novillos como Granadero, premiado en Arnedo, o Guitarrero, vuelta al ruedo en esta plaza de Las Ventas en 1998, lidiado y estoqueado por Domingo López-Chaves en la novillada que mereció el primer galardón entregado por nuestra Asociación como el mejor y más completo encierro de aquella temporada.
Llegamos así a la etapa actual, la que gestionan nuestro invitado Ignacio Pérez-Tabernero Silos y sus hermanos Joaquín y Fernando. Tras el fallecimiento del padre en 1992, la ganadería se anunció desde el año 2000 como "Hoyo de la Gitana", recuperando el nombre de un paraje de la finca y una antigua denominación familiar de 1944. Bajo este nombre, han mantenido la llama sagrada de Santa Coloma en una tierra, Salamanca, donde este encaste ha ido perdiendo terreno injustamente.
Es digno de elogio que en "Galleguillos" se continúe siendo fiel a una idea de toro. Una fidelidad que les ha traído de vuelta a Madrid en varias ocasiones recientes, enfrentándose al juicio de la afición más exigente del mundo en el formato de Desafíos Ganaderos.
Recordamos bien las comparecencias de 2017 y 2018, donde sus toros se midieron con los de divisas legendarias como Palha y Pallarés. Pero me gustaría detenerme especialmente en la última gran cita de esta ganadería en Las Ventas. Fue no hace mucho, en septiembre de 2022, en un desafío ganadero frente a los toros de José Escolar. Aquella tarde, un toro de Hoyo de la Gitana, duro, exigente y con poder, permitió a Fernando Robleño firmar una actuación magistral, de esas que quedan en la retina del aficionado cabal, y que le valió una vuelta al ruedo de ley tras una faena de poder a poder. Ese es el toro que queremos ver: el que vende cara su vida y da importancia a quien se pone delante.
Nuestro invitado no es un ganadero inmovilista. La gestión de un encaste tan delicado requiere decisiones constantes. Sabemos, por la información más reciente, que en el año 2023 se ha recuperado la denominación histórica de Hijos de D. Ignacio Pérez-Tabernero, cerrando un ciclo y honrando la memoria directa del creador de esta rama específica.
Y hay un dato técnico de suma relevancia que demuestra que esta vacada está viva y en evolución. Tenemos constancia de que en el año 2022 se incorporaron a la ganadería dos sementales procedentes de la vacada de Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, puro encaste Murube.
Sabemos que su padre, Don Ignacio, apostó en su día por refrescar con la línea Saltillo vía Buendía. Ahora, ustedes han introducido sangre de la rama Ibarra/Murube. No seré yo quien aventure los motivos ni los resultados esperados de este movimiento genético tan interesante; prefiero que sea usted, ganadero, quien nos explique qué buscan con este aporte de sangre Murube y cómo pretenden equilibrar las dos almas de Santa Coloma en el futuro de su ganadería.
Estamos, pues, ante unos criadores que resisten. Unos ganaderos que han visto cómo otros familiares tomaban caminos distintos o desaparecían, mientras ellos se mantienen en el nicho de las ganaderías que no regalan nada. Ganaderos que crían el toro que les gusta a ellos, fieles a un concepto, ajenos a las modas pasajeras.
La ganadería de Hijos de D. Ignacio Pérez-Tabernero es hoy un crisol donde se funden la historia de "El Patillas", la leyenda de los "Gracilianos", el picante de los "Buendía" y ahora, de nuevo, la solera de los "Murube".
Don Ignacio, sea bienvenido a la Asociación El Toro de Madrid. Sepa usted que aquí se respeta profundamente a quien no traiciona su historia y a quien se atreve a traer a esta plaza el toro íntegro y encastado. Estamos ansiosos por escuchar sus vivencias, y sobre todo, que nos desvele las claves de ese presente y futuro que están construyendo en "Galleguillos".
Muchas gracias.
Resumen, por Pepeíllo
“Familia ganadera que el tiempo no borra su huella”
Nos visitó D. Ignacio Pérez-Tabernero Silos, representante de una estirpe de reses bravas del campo charro descendiente de la familia Pérez-Tabernero. Un ganadero que trata de dar a sus productos un toque de personalidad y de paso ajustarse a los tiempos que marca, desgraciadamente, el toreo moderno. Son pocos los elegidos por la varita mágica que con los rigores que imponen las dehesas consiguen un toro “armónico”, a criterio de nuestro invitado, sin salirme de las normas impuestas por las empresas, pero, vayamos a la tertulia.
En el exterior nos acompañó una noche desapacible y que posiblemente influyó que el local no pudiera registrar el lleno que los aficionados y socios nos tienenacostumbrados. Nuestro invitado fue arropado en la mesa de ponentes por el presidente de la Asociación el Toro de Madrid, Carlos Rodríguez Villa-Rey y por el socio Alberto González. Entre ambos se repartieron los trastos de la presentación, el primero comenzando por las gestiones llevadas a cabo por la Asociación en la última semana, y Alberto en un minucioso despliegue de datos bien entrelazados, sobre el origen ancestral de su ganadería, la parte que proviene de Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, regentada en la actualidad por los tres hermanos, a la que definió con acierto como un eslabón de la sangre brava en nuestra piel de toro, siendo la cuarta generación de ganaderos de su familia. ¡Se dice pronto!
La rama de Graciliano Pérez-Tabernero, Santa Coloma-Ibarra, tío abuelo de nuestro invitado, fue definida como los “Miuras” de Salamanca y de ella partió en 1.928 hacia la plaza de la Fuente del Berro el toro Corchaíto, donde le esperaba la muleta de Manuel Jiménez Chicuelo, que a criterio de la época fue el precursor del toreo en redondo y ligado, basado por supuesto en el cambio que imprimió al toreo Juan Belmonte, desmintiendo la frase: ”O te quitas tu, o te quita el toro”. Añado. La afición de Madrid enmudeció al no creer lo que estaba viendo, marcando con ello el toreo moderno. En su exposición llevó a cabo una relación de toros que fueron los que formaron las distintas ramas en se dividió la ganadería de su bisabuelo, Fernando Pérez-Tabernero. Destacó a Mesonero que fue el semental que hizo la ganadería de Graciliano. Fragoso al que Manolete cortó una oreja en Valencia, Guapito, de Alipio Pérez Tabernero, con el que tomó la alternativa El Viti cortándole una oreja.
El padre de nuestro invitado, Ignacio Pérez-Tabernero Sánchez, comenzó su andadura en solitario en el año 1.958, después de recibir la parte que le correspondía del ganado de su padre, adquirió un lote de la ganadería de Gil Flores y que entre otros propietarios había pasado por Demetrio y Ricardo Ayala, ganadería que quedó marcada en la historia necrológica de la tauromaquia por el toro Granaíno que corneó mortalmente al torero Ignacio Sánchez Mejías en 1.934 en Manzanares. Su padre conservó el hierro de esta ganadería. Al fallecer su padre en 1.998 y a partir del año 2000 cambiaron el nombre de la ganadería por el de Hoyo de la Gitana. Este nombre tuvo su origen en un camino público que había en la finca Galleguillos por donde solían transitar las personas. Un día una mujer, de origen gitano, dio a luz en este lugar, por lo que decidieron ponerle a la ganadería el nombre mencionado. La línea elegida por su padre fue la de Joaquín Buendía, pero recientemente refrescaron con dos sementales de Murube, línea Eduardo Ibarra. En el año 2022 un toro de su ganadería hizo que se luciera Fernando Robleño en Las Ventas en un desafío ganadero con ganado de José Escolar.
Al tomar la palabra el ganadero, se limitó a agradecer la invitación y tratar de responder a todas las preguntas de los contertulios. La primera fue de nuestro presidente, que expuso hasta donde se remonta la ganadería. Respondió que entre 1.830 y 1.840, su bisabuelo, Fernando Pérez-Tabernero, inició su andadura comprando ganado de procedencia Veragua y Miura, adquiriendo a continuación reses de Santa Coloma en las líneas de Saltillo y Murube. Al dividir la ganadería entre sus hijos, Graciliano, Argimiro, Alipio y Antonio, cada uno se decantó por su toque personal y algunos eliminaron lo que recibieron de sus padres y formaron su ganadería con otros encastes, destacando Graciliano que se decidió por Santa Coloma línea de Ibarra. Su abuelo Alipio le compró a su hermano Graciliano un lote de vacas y el semental Homero, hijo de Mesonero, adquirido al conde de Santa Coloma y que fue quien formó la ganadería de Graciliano. Posteriormente su padre, D. Alipio Pérez-Tabernero Sánchez, refrescó con ganado de Saltillo.
Cuando se fueron imponiendo los animales con más caja, su padre decidió lidiar novilladas, siendo el que más cobraba, ya que eran demandadas por los novilleros punteros. Litri y Camino, hijos, lidiaron muchas novilladas de su padre. El semental Fuentecillo padreó también en las ganaderías de sus hermanos, pero el semental que hizo la ganadería fue Hortelano, de Buendía Peña. En 1.992 Falleció su padre, y aunque sus hijos era jóvenes, habían aprendido de él lo básico para continuar la línea que les había trazado. La ganadería recibida tenía sangre Santa Coloma, siendo sus toros equilibrados, buscando el animal en la línea de su abuelo Alipio. La sanidad les perjudicó mucho pero al final consiguieron superarlo. Comentó que uno de los problemas de su ganado es que sufren mucho con el estrés y cuando llegan a la plaza para ser lidiados necesitan un periodo de adaptación en su nuevo entorno, hecho que no pueden conseguir en muchas ocasiones en las plazas, por este motivo cuando apareció el tema candente de El Batán, el ganadero mostró su acuerdo en que se restablezca ese entorno. El ganado de Santa Coloma no necesita ejercerlo en corredores ya que son muy activos y se mueven mucho.
Adrian preguntó sobre el equilibrio y la necesidad de los refrescos de la ganadería. Respondió el ganadero que con el refresco que han realizado en el 2022, a través de la ganadería de Ángel Sánchez y Sánchez, puro Murube, actualmente su ganadería está al 50 % de Murube y de Santa Coloma. Salió el tema de las fundas, a lo que aportó el ganadero que no las ha usado nunca ni tiene intención de hacerlo. Consideró inviable meter a su animales en el mueco. Alberto Herrero planteó al ganadero su concepto de bravura, casta y nobleza. Respondió que la casta y la bravura la miden en el comportamiento de las vacas en el caballo, tienen que humillar y empujar en el peto, la nobleza y la clase, la miden con la humillación y el recorrido en la muleta.
Cuando tientan, suelen coincidir las opiniones de los tres hermanos. Los sementales suelen elegirlos por reatas. En la actualidad tiene 170 vacas y los sementales son de Murube y de Santa Coloma. En los reconocimientos suelen tener problemas de peso, sobre todo con el ganado de Santa Coloma, pero no de cara. Consideran que lo de Saltillo proporciona la casta y lo de Ibarra, la clase. Alberto González sacó a colación al semental Fuentecillo y Guitarrero en 1.998, indicando que fue fundamental, destacando la faena de López Chaves. Este torero conocía muy bien nuestra ganadería y fue la clave de su triunfo. Destacó también el ganadero la corrida que lidió en Vic-Fecenzac, donde el ganado estuvo 10 días en los corrales adaptándose al entorno y su resultado fue muy bueno.
Adrián volvió a preguntar sobre la valoración del ganadero del tercio de varas. Contestó que esa suerte es fundamental y si un toro necesita acudir tres veces al caballo,que el presidente lo permita. Esta suerte necesita una revisión, como las medidas de las puyas, y el castigo que reciben los animales, el toro tiene que llegar a la muleta en condiciones de ofrecer el triunfo al torero y el espectáculo a los espectadores. El peto debe ser flexible para que sea equilibrada la pelea. Consideró imprescindible que los participantes directos se reúnan y traten de solucionar los problemas que atañen a la fiesta. Aportó que hay picadores, que no saben manejar el caballo, importándoles solo el día de hoy. Sobre el papel que juega en la actualidad la UCTL, resaltó que ha cambiado mucho este organismo, y que es muy difícil ser miembro de ella, considerando que las decisiones drásticas pueden ser dañinas para muchos de los profesionales. Los ganaderos defienden al toro, pero no hay unión. Salió a relucir la ganadería de Martínez Benavides por estar relacionada con el encaste Murube-Saltillo, destacando la faena de Rafael de Paula en el año 1.987 en Las Ventas.
Rafael Cabrera preguntó sobre el porcentaje de Murube y Saltillo en su ganadería. Contestó el ganadero que al 50 %. También intervino el veterinario Julio Fernández, aportando lo que representaba la hidratación en los animales, considerándolo fundamental para su desarrollo. Como es habitual en nuestras tertulias, salió el tema de la lidia de los toros con 5 años. Aportó el ganadero que le gusta que se lidien con esa edad, ya que suelen comportarse mejor en la lidia.
Actualmente tiene 170 vacas, 5 sementales de Santa Coloma y dos de Murube. En su ganadería se producen muchas bajas, ya que desde utreros se suelen pelear mucho. A una pregunta de Adrián, si mantiene trato con las figuras para la selección, aportó que los toreros no influyen en su ganadería, pero apostilló que los ganaderos se han adaptado a los gustos de los toreros. Respecto a los indultos comento que se están indultando muchos toros, perdiendo valor este hecho. Sobre el mejoramiento genético indicó que en la actualidad el germoplasma lo llevan a cabo fuera de casa. También pudimos contar con el torero Villita que en su participación en la tertulia le deseo al ganadero mucho éxito con el cruce que ha llevado a cabo. Y como punto final aportó nuestro invitado que para la próxima temporada tiene 3 novilladas.
Muchas gracias D. Ignacio, le deseamos mucha suerte, la suya será también la de la fiesta y de los aficionados.
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