3ª TERTULIA DE LA ASOCIACION EL TORO DE MADRID (2025-2026)
Lugar: Restaurante, Puerta Grande. C/ Pedro Heredia, 23
Fecha: jueves 20 de noviembre de 2025
Invitado: D. José Joaquín Moreno Silva. Ganadero
A Guillermo, por su valentía tanto personal como periodística. Aunque en esta ocasión le haya tocado bailar con la más fea. ¡Ánimo Amigo!
Un ganadero fiel a la honradez en los conceptos básicos de la fiesta. “La Integridad, la casta y la bravura”.
Acompañaron a nuestro invitado en la mesa de ponentes el presidente de la ATM, Carlos Rodríguez-Vila Rey y el socio Alberto González. Se guardó un minuto de silencio por los fallecimientos de los ganaderos Álvaro Domecq Romero y Ana María Bohórquez.
Alberto hizo un desmenuzado repaso a la historia de la vacada de nuestro invitado, fíjense, con tanto acierto, que el propio ganadero asentía con gestos afirmativos los datos que expuso de su ganadería. Ganadería de Saltillo que tomó antigüedad en 1.845, cuando su propietario era el ganadero Picavea de Lesaca, creador del fenotipo que lucen en la actualidad los toros de nuestro invitado. Pero fue su posterior propietario el que dio nombre como la conocemos hoy, Antonio Rueda y Quintanilla, primer marqués de Saltillo.
Fue su abuelo, Félix Moreno Ardanuy, el que inició la andadura ganadera familiar con este encaste y otros más, y el tiempo el que impuso varias divisiones familiares, siendo una de ella la que regenta en la actualidad Moreno Silva. Un encaste que no se libró de las luces y sombras que marcó su historia, sobre todo en el marco de la Guerra Civil española, pero en la actualidad el ganadero ha sabido dar carácter a sus pupilos, siendo una de las ganaderías preferidas de los aficionados, tanto en España como en el sur de Francia, pero no así de los toreros que consideran figuras. Añado. ¡Bravo Alberto!. Dicen que la tauromaquia es incultura. Cuanto tendrían que aprender los incrédulos de la historia de España a través del toro bravo, añado.
Con un ganadero exigente, solo puede conseguirse o el éxito y el fracaso. Se habló de toros, del pasado, del presente y del futuro de la fiesta. Sin ambages ni cortapisas, solo expuso una condición: no hablar de toreros, pero al final no lo pudo evitar. En gran parte de la tertulia, se nombraron toros que por su casta y bravura merecieron estar en el recuerdo de la historia taurómaca, Soriano, Astillito, Ruidón, indultado por Ruiz Miguel, Cazarratas, Viergado, Presidiario…
Destacó nuestro invitado al ganadero y rejoneador Álvaro Domecq Romero, al cual consideró como un caballero. También marcó que era la cuarta vez que acudía a nuestras tertulias. Ser ganadero es muy difícil y en la actualidad se acentúa más, ya que existe un problema añadido, la falta de personal en las dehesas. Los jóvenes no quieren sacrificar su juventud en este trabajo donde es necesaria una dedicación completa. El saneamiento impuesto por Bruselas ha sido también un problema debido a la cortedad de su ganadería, destacando a ganaderías como Núñez del Cubillo, Juan Pedro Domecq, los cuales disponen un número considerable de toros en cada temporada y que atenúa el problema de la consanguinidad. Otro de los inconvenientes es la posición del gobierno, que no se cansa de poner palos en las ruedas de la fiesta. Considerando que la lucha será dura.
Dentro del turno de preguntas, en la primera salió a relucir los altibajos de su ganadería aunque cree estar en el buen camino. Consideró que su toro es uno de los que más humillan, pero cuando sale malo…Narró el ganadero la historia de la lidia de toro Ruidón y su relación con Ruiz Miguel, como una curiosidad digna de mención. El toro fue lidiado en 1.985 en una corrida concurso y después de ser indultado, tuvo que salir al ruedo a petición del jurado y su juego en el caballo continuó siendo de bravo.
En el caso del toro Cazarratas, el animal creo mucha controversia en cuanto a su comportamiento, pero lo destacado fue que al ganadero lo trataron como un “yonqui”. Sobre su relación con la ganadería de Pablo Romero, aclaró dos detalles, que nunca le pidió ganado para cruzar y que el toro actual ha cambiado su fenotipo, el actual es más largo de cuello. Hecho evidente que los aficionados venimos observando. El Batán para él en particular en un problema por la escasez de toros en su ganadería. Consideró que la edad del toro es fundamental, cambia mucho el comportamiento de un cuatreño o de un cinqueño. Consideró al ganadero Chafik como el “vitorino” de México y un libanés luchador, aunque en este país los toros lidiados son erales. En el cruce aportó que el toro da más carácter que la hembra. Sobre la casta y la bravura lo más importante en la selección es el comportamiento en el caballo. Suele tentar con dos o tres años y en cuanto a los sementales, primero los prueban con las ramas, y si le gusta, los torea.
Tiene apartada la corrida de Madrid para la próxima temporada. Es bonita y cinqueña. También se mostró satisfecho de compartir un desafío ganadero con Cuadri y otro en Ceret, donde su ganado es muy apreciado. Respecto a la consanguinidad adquirió ganado de su primo, del mismo encaste, y que tuvo mucha suerte con la compra.
Salió a relucir el problema de los picadores, considerando esta suerte como la suprema de la lidia para el posterior comportamiento del toro. El baremo es malo. Cuando acude a las plazas sufre mucho al ver que muchos picadores no saben ni montar a caballo. En Ceret un mal picador no vuelve más. En cuando a la sangre de Saltillo, destacó las ganaderías de Victorino Martín, Ana Romero, pero la que más porcentaje tiene de sangre de este encaste es La Quinta. Considerando su comportamiento como “cabrones”, con perdón, y muy listos. También alabó la ganadería de Victoriano del Rio. Una familia que ha conseguido un toro completo para todos los tercios. Cree que la ganadería de Picavea de Lesaca tuvo reminiscencias de sangre navarra. Considera un fraude enfundar las astas de los toros. En cuanto a la desaparecida ganadería de Alonso Moreno, la hicieron ellos en Cuenca y debido a la poca atención que le dedicaron la ganadería no dio el resultado esperado.
No dio para más la noche. Un ganadero claro y conciso en sus exposiciones y un grupo de aficionados disfrutando de sus comentarios.
Gracias ganadero.
Pepeíllo, miembro de la Asociación el Toro de Madrid
Presentación del invitado, por Alberto González
Buenas tardes a todos. Bienvenidos a una nueva tertulia invernal de la Asociación El Toro de Madrid. Bienvenido, una vez más, Don Joaquín, a nuestra casa. Muchas gracias por estar aquí.
Permítanme que comience esta presentación con un extracto de la crónica publicada en el Heraldo de Madrid del día 15 de julio de 1845; fragmento que versa sobre el primer toro de la tarde en que toma antigüedad la ganadería que nos trae hoy aquí. Dice así:
“Era el segundo de Lesaca, negro como el porvenir de los patriotas, pero con una estrella en el testuz como símbolo de las esperanzas que tan tenazmente conservan. A este bicho se le puede considerar como el héroe de la fiesta, tanto porque fue el que más proezas hizo, como por el modo de llevarlas a cabo. […]. Desde su salida a la plaza dio muestras de tener mucha sangre fría y más intención que un doceañista. Se presentó en la liza, grave, serio, reflexivo, como el que conoce toda la importancia de su papel y todo lo apurado de su situación.
Miró por mucho tiempo y de hito en hito a Gallardo que fue el primer picador que se encontró y, después de haber cruzado por su mente mil ideas diversas (por la del toro, que estamos seguros que pensaba más que Gallardo) y de haber considerado que el que da primero da dos veces, le arremetió, le pegó una costalada, y despreciando al caballo se fue al diestro, causándole tres heridas; una en lo alto de la cabeza, otra en la ceja y la tercera en una oreja que casi le arranca. Fuese a la enfermería el malparado picador, actuando Muñoz su sustituto. Tomó el toro tres varas de las que sufrió dos revolcones; tres de Fernández, que también midió el suelo con las costillas […] y tres del Coriano que cayó una vez y se quedó sin la cabalgadura. En esas acometidas, observó el bicho aquella circunspección que se le había notado desde el principio, haciéndose de rogar mucho antes de entrar, pero dejando siempre contentos a los espectadores y no demasiado satisfechos a los que le invitaban. […]. Salieron muchachos a clavar banderillas al bicho, el cual se plantó sin hacer caso del engaño; más de cuatro capotes le tiraron y él fijo, en medio de ellos, parecía un ropero en sábado. Sólo le faltaba hablar. Por fin le metió Arjona dos pares al cuarteo y otro Camilo a media vuelta, enviándole Cúchares a la eternidad de una buena tendida, de otra corta y descabellándole.”
Algo más de veinte años antes de la fecha de esta crónica, Luisa de Ulloa, 4ª Condesa de Vistahermosa, decidió desprenderse de su ganado. Juan Domingo Ortiz, conocido como el Barbero de Utrera, adquirió la mayor parte, mientras que el resto se distribuyó entre Salvador Varea, Fernando Freire, Antonio Melgarejo y Francisco Giráldez. Dos años más tarde, Salvador Varea, natural de Jerez de la Frontera, revendió su parte a Ignacio Martín, sevillano, quien a su vez la traspasó a Pedro José Picavea de Lesaca. Procedentes de Navarra, los Picavea de Lesaca se trasladaron entonces a Sevilla. Fue Pedro José Picavea de Lesaca quien lidió sus toros en La Maestranza de Sevilla el 12 de mayo de 1828, luciendo la divisa azul y blanca que conservarían todos los que le siguieron. A su muerte en 1830, dejó como responsable de la ganadería a su viuda, Isabel Montemayor Priego, cuya gestión, recordada durante casi dos décadas, elevó notablemente el prestigio de la casa en la cría del toro bravo. Bajo su dirección, los animales debutaron en Madrid el 2 de julio de 1832. El toro procedente de Lesaca era descrito como ancho de pecho, corto de miembros inferiores, seco de vientre, de rabo largo y tupido, de patas finas y aleonado; ojos vivos, frente ancha de pelaje rizado, astas proporcionadas, gruesas en la base y finas en la punta. Las capas son variadas: negros, grises, colorados, castaños, sardos, chorreados,…
Doña Isabel, viuda de Lesaca, falleció el 27 de junio de 1849, pasando la ganadería a su hijo José Picavea de Lesaca, quien en 1854 la vendió a Don Antonio Rueda Quintanilla, VI Marqués de Saltillo, una de las figuras fundamentales en la historia de esta divisa, que alcanzaría con él la cima del toreo. La finca del Marqués, llamada “La Compañía”, se encontraba en la Isla Menor, entre los dos brazos del Guadalquivir. Bajo su mando, la ganadería alcanzó enorme notoriedad, siendo lidiados sus toros en las principales plazas por figuras como “El Tato”, “El Gordito”, “Lagartijo” y “Frascuelo”. La bravura de aquellos Saltillo se convirtió en leyenda; baste citar la excepcional pelea del toro Caramelo, de ocho años, que en 1867, en Cádiz, tomó veintisiete picas, derribó a los picadores en siete ocasiones y mató nueve caballos. En 1874, “Frascuelo” lidió en la antigua plaza de Madrid al quinto toro de Saltillo, descrito como "un animal muy bello, grande como un castillo, esbelto, más que ensillado, negro, bragado y con muchas patas, un poder infinito, gran bravura y gran codicia"; recibió once varas y despenó tres caballos.
Don Antonio, sexto Marqués de Saltillo y maestrante, murió el 22 de junio de 1878. Le sucedió su viuda Francisca Javiera Osborne y Böhl de Faber, con la cual los Saltillo continuaron siendo lidiados en Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia e incluso La Habana, siempre por toreros de primera fila. Doña Francisca falleció en 1905, aunque había cedido tiempo antes la dirección ganadera a su hijo Rafael Rueda y Osborne, VII Marqués de Saltillo, quien asumió dicha gestión a partir de 1890, cuando la ganadería se encontraba en pleno esplendor. Las crónicas que abarcan hasta 1918 insisten en que comenzó entonces la decadencia. Por esos años, Rafael Guerra “Guerrita” se convirtió en el líder de la tauromaquia y la ganadería del Marqués, de quien fue gran amigo, se transformó en su favorita -y ya sabemos lo que significa que un gran torero ponga la mirada en una ganadería-. En 1891, las divisas más apreciadas por la afición eran Saltillo, Veragua y Miura. Sin embargo, pese a vender numerosos ejemplares a las mejores plazas y siempre a excelentes precios, el escaso rigor del nuevo ganadero precipitó el declive. Aunque continuaron toreándolos grandes figuras —“Guerrita”, Mazzantini, más tarde “Bombita”, “Machaquito” y finalmente “El Gallo”, Gaona, Joselito y Belmonte—, la presentación de los toros empezó a resultar irregular y la crítica lo señalaba con frecuencia. En 1905, el Marqués vendió ochenta vacas y machos al Conde de Santa Coloma, quien también adquirió la mitad de la ganadería Ybarra. En 1912, Santa Coloma cedió parte de su cabaña a su hermano, el Marqués de Albaserrada. En 1908 también venderá ganado a las ganaderías mejicanas de Piedras Negras y San Mateo, lo que constituirá un hito en el futuro de la cabaña brava de Méjico.
El 5 de junio de 1913, en Madrid, Joselito “el Gallo” brilló toreando a Jimenito, del hierro del Marqués, cortándole una de las primeras orejas concedidas en la capital. En 1917, varios críticos denunciaban la pérdida de presencia y casta; Don Rafael, VII Marqués de Saltillo, parecía carecer de afición y disciplina, factores que explicaban la evidente decadencia. Murió el 29 de mayo de 1918 en su domicilio sevillano, sin dejar descendencia. Su viuda, Encarnación de Pablo, hija de Pablo Romero, vendió la ganadería a Don Félix Moreno Ardanuy, quien desde ese mismo 1918 comenzó a lidiar los toros bajo su propio nombre, poniendo fin a la etapa de Saltillo.
Félix Moreno Ardanuy devolvió a la ganadería —ya muy deteriorada— un esplendor incluso mayor que el original. Con buen cuidado, alimentación adecuada y una selección rigurosa, impulsó la divisa hasta la cúspide. En 1921, adquirió la antigua ganadería de Valentín Collantes, entonces propiedad de los Rodríguez Maura, inscribiéndola a nombre de su esposa Doña Enriqueta de la Cova, eliminando la sangre anterior en favor de Saltillo y marcándola con un hierro que unía las letras M y O.
Entre 1925 y 1935 la ganadería de Saltillo alcanzará su mayor auge. Toreros fundamentales de la Edad de Plata como Rafael “El Gallo”, su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, “Chicuelo”, el “Niño de la Palma”, Marcial Lalanda, y posteriormente Domingo Ortega, “Armillita Chico” y Manolo Bienvenida lidiaron sus toros con frecuencia. En esos años, el tercio de varas vivió una transformación decisiva con la implantación del peto, que protegió a los caballos y cambió la esencia del primer tercio. Plazas importantes como Madrid, Barcelona, Pamplona o Bilbao, siguieron corriendo los toros de Don Félix. Esta etapa gloriosa se truncó con el estallido de la guerra civil, tras la cual la recuperación de la ganadería resultó ardua. Pese a ello, en 1940, Don Félix (II) logró lidiar 115 animales con los dos hierros familiares. Por la misma época, adquirió una tercera ganadería, la del Conde de Antillón, inscrita a nombre de su hijo Javier Moreno de la Cova, sacrificando el rebaño previo —muy mermado tras la guerra— y reponiéndolo con ejemplares de Saltillo, tanto propios como de su esposa.
En 1941 y 1942, figuras como Domingo Ortega, “Manolete” y Pepe Luis Vázquez se midieron con toros de Don Félix en las grandes plazas. En 1943, Don Félix adquirió un cuarto hierro, que puso a nombre de sus hijas Serafina y Enriqueta (II) de la Cova, cuyo símbolo era una estrella de seis puntas.
La posguerra fue difícil para Félix (II), quien con el tiempo perdió rigor en la selección y parte de su afición. Es justo señalar que la corrida también evolucionó y comenzó a imponerse un tipo de toro distinto. Ejemplares viejos, muy encastados y fuertes, como antes de la guerra, se vieron cada vez menos. Aun así, toreros como Luis Miguel Dominguín, Antonio Bienvenida, Aparicio, “Litri” o Antonio Ordóñez se enfrentaron a los Moreno Ardanuy. Don Félix falleció en su casa de la calle Guzmán el Bueno, en Sevilla, el 18 de junio de 1960, a los 72 años, víctima de la diabetes; su nombre quedó inscrito con letras doradas en la historia del toro bravo.
Desde 1964, el legado de Don Félix (II) fue dividido entre sus nueve hijos. En lo referente a la ganadería:
- El hierro histórico Saltillo (el de la rueda) pasó a Félix Moreno de la Cova.
- El hierro de Enriqueta de la Cova (la M y la O entrelazadas) correspondió a Alonso Moreno de la Cova, aunque la titular oficial siguió siendo Doña Enriqueta hasta 1974, anunciándose la ganadería como “Charco Blanco”. En 1975, el titular del hierro —de pura sangre Saltillo— pasó a ser José Joaquín Moreno de Silva, nuestro invitado, hijo de Don Alonso y actual ganadero de Saltillo.
- El hierro de Antillón quedó en manos de Javier Moreno de la Cova; tras su fallecimiento en 2000, sus herederos la vendieron a Aquilino Fraile, quien modificó el hierro y sustituyó los Saltillo por toros Torrestrella de Álvaro Domecq.
- El hierro de la estrella permaneció a nombre de Enriqueta (II) y Serafina Moreno de la Cova, quienes lo vendieron en 1970 a la familia Domecq, que lo empleó como Jandilla, eliminando por completo el origen Saltillo.
Félix (III) Moreno de la Cova, nacido en 1911 en Palma del Río, hijo de Félix (II) Moreno Ardanuy, quedó en 1964 como titular del hierro de Saltillo que a partir de 1969 anuncia como La Vega. Casado en Sevilla con Doña Carmen Maestre Laso de la Vega, llegó a ser alcalde de la ciudad, lo que, por sus obligaciones, lo apartó de la gestión ganadera, no por falta de afición. Este periodo marcó una etapa decadente: desaparecieron las grandes ferias y las figuras, salvo contadas ocasiones, quedando Saltillo como una joya residual, aunque permanezca su reserva de casta.
En 1975 falleció Doña Enriqueta, madre de Félix (III), y su hierro de la M y la O entrelazadas, de sangre Saltillo, pasó a su hijo Alonso Moreno de la Cova.
Desde 1975, los hijos de Don Félix (III) Moreno de la Cova, Félix (IV) y Enrique, primos de nuestro invitado, asumieron la gestión de la ganadería Saltillo, prácticamente ausente de los ruedos durante tres años. En 1978 reapareció, aunque en plazas de menor categoría. La época dorada había quedado atrás, más aún porque Don Félix (III) Moreno de la Cova, había enviado al matadero el grueso de la manada. Enrique, muy aficionado, adquirió de su tía Enriqueta (II) la finca Miravalles, con la condición de no criar toros bravos, ya que ella no deseaba que su sobrino sufriera las dificultades de la profesión. Pero Enrique, movido por la afición, encontró una vía alternativa: Javier Benjumea le cedió 1100 hectáreas de pastos cerca de Huelva, en la finca La Cervera, donde reunió los restos de Saltillo: 20 vacas y un semental.
En 1989, compró a su tío Javier cuatro o cinco vacas de desecho, y este incluso le prestó al reproductor “Torreto”. Enrique intentó recuperar y reconstruir Saltillo, lidiando algunas corridas menores. En 1999, tras la muerte de su padre, él y su hermano Félix (IV) se repartieron la herencia; Félix IV permaneció en La Vega, y Enrique trasladó sus Saltillo de Huelva a Miravalles, con la aprobación de su tía Enriqueta, fallecida en 2004.
En Miravalles, Enrique efectuó mejoras -placita de tienta, cercados, y demás instalaciones- y la finca acogió los últimos Saltillo del hierro histórico, con dos sementales (hijos de “Torreto”). En 2002, compró 32 vacas a su primo Ignacio, hijo de Javier. Tras una tienta fallida, alquiló un semental puro Santa Coloma, “Flor de Gamón”, a José Luis Buendía, sin buenos resultados. Ese mismo año, Félix (IV) y Enrique crearon la sociedad “Ganadería Saltillo SL”, lidiando algunas novilladas. En 2003-2004, su primo Álvaro Martínez Conradi, propietario de La Quinta (de origen Santa Coloma-Buendía), les cedió el semental “Perrito”, también Santa Coloma. Este primo, por la rama Ardanuy de la familia, había tenido reproductores Saltillo procedentes del tío Javier. Aunque lejos del esplendor antiguo, la afición seguía viva.
Por otro lado, seguían existiendo los “otros” Saltillo: el primo de Félix IV y Enrique, José Joaquín Moreno de Silva, presente hoy aquí con nosotros, dirigía la ganadería heredada de su abuela Doña Enriqueta, la del hierro blanco y negro de la M y la O entrelazadas. Un hecho decisivo para esta ganadería fue el toro “Ruidón”, de su hierro, indultado por Francisco Ruiz Miguel el 30 de mayo de 1985 en la corrida concurso de Cáceres. “Ruidón” tomó tres puyazos, embistiendo fijamente al peto; fue rápido en banderillas y noble, vivo, fijo y de largo recorrido en la muleta. El público y el propio matador pidieron el indulto. La presidencia ordenó volver a sacar los caballos para probar su bravura: al verlos, “Ruidón” arremetió con fiereza contra el picador, se empleó de nuevo e intentó romanear. Tras la prueba, regresó al caballo por iniciativa propia. Fue indultado y utilizado como semental, transmitiendo excelente descendencia. Lamentablemente, este excepcional toro pareció ser portador de tuberculosis, lo que contagió parte del hato, obligando —por las normas sanitarias europeas— a sacrificar muchas de las mejores madres.
En 2013, José Joaquín compró a sus primos Félix (IV) y Enrique el hierro y la ganadería histórica de Saltillo -el de la rueda-. Para priorizar Saltillo, su nombre e historia, tomó la difícil decisión de enviar al matadero la otra ganadería de su padre, la de Alonso Moreno de la Cova, de sangre Urcola. José Joaquín pasó así a concentrarse exclusivamente en Saltillo, fundiendo de manera acertada su ganadería Moreno de Silva con la histórica Saltillo. La ganadería reunificada conserva únicamente el hierro de la rueda, la divisa azul y blanca y la señal hoja de higuera en la derecha y rabisaco en la izquierda, manteniendo su antigüedad del 14 de julio de 1845.
Desde ese momento, Saltillo ha representado, para muchos aficionados un reducto de ética en una Fiesta actual plena de esteticismo. Saltillo constituye, hoy en día, un reservorio de dureza, dificultad y casta, cualidades del toro que antaño convertían al hombre en héroe, pero tan escasas en nuestros días. Para la historia, aquella corrida de mayo de 2016, con toros - aún con el hierro de Moreno Silva- de intenciones demoniacas; nunca olvidaremos, la dura mansedumbre orientada de Cazarrata ni la extrema dureza de Luvino, que se fue camino de los corrales tras sonar los tres avisos dos estocadas mediante. Pero no todo ha sido dificultad “de la mala”; Saltillo nos ha dejado en la retina toros extraordinarios, honrosos portadores del estandarte de la casta brava como Viergado, lidiado por José Carlos Venegas, premiado por nuestra Asociación como mejor toro de la temporada 2015, del que escribía nuestro presidente: “La fiesta de la fiereza y casta indomable, lo que da emoción al rito y no se debe perder. Donde no hay peligro, no hay emoción; y donde no hay emoción, no hay corridas de toros posibles. Viergado fue una mina de dureza y bravura incansable, de afán de lucha infinita. El elemento TORO por bandera”. Mucho más reciente, la buena corrida de toros que presenciamos el pasado 27 de abril, ignominiosamente lidiada, sobre todo en varas, en la que destacó el bravo y encastado Presidiario I- 36.
Para hablar de todo esto y quién sabe de qué más, está hoy aquí con nosotros Don Joaquín Moreno Silva. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación.
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