Reflexionando sobre las palabras de Curro Vázquez, el pasado jueves 6 de noviembre en las tertulias de la Asociación El Toro de Madrid, quiero entresacar las siguientes conclusiones:
“No es verdad que ahora se torea mejor que nunca; hay más técnica, pero falta torería”
Luis Nieto Manjon, en su Diccionario de Términos Taurinos, define Torería, como la “forma especial de comportarse los toreros dentro y fuera de la plaza”. La torería constituye una síntesis de arte, profesionalidad, carácter, tradición y ética que prestigia al torero, siendo esta, un pilar fundamental de la fiesta brava; es ese conjunto de valores, técnica y elegancia que va más allá que la destreza física en la lucha con el toro, respetando la historia tauromáquica, las reglas tradicionales, sus ritos, aplicando, eso sí la estética propia del torero. Para él, esta, debe ser un ideal al que aspire desde los principios de su trayectoria.
Es por tanto, la torería, el compendio de la tradición de la tauromaquia con la intrínseca reflexión de la persona que se enfrenta a su mortalidad.
La torería no debe ser solo patrimonio de los profesionales de la tauromaquia, debe implicar a todo el entorno taurino, empresarios, apoderados y aficionados, que deben regirse también por esa ética que preside el comportamiento y relaciones con la tauromaquia, porque con torería tenemos los aficionados que examinar el espectáculo, en las condiciones que se dé; unas veces aplaudiremos, otras abroncaremos, otras, las más, demostraremos nuestra indiferencia a lo acontecido, pero siempre con esos principios que antes exponíamos, con consideración y elegancia. Pensemos que lo que nosotros exigimos, debemos planteárnoslo antes.
“Las faenas tan largas no tienen lógica”
Efectivamente debemos desterrar esa costumbre de los últimos años de apurar al máximo el último tercio, el de muleta, donde los matadores se duermen en largas faenas, que pese a que conlleven su carga artística, van perdiendo calidad, fuerza y emoción y nos arrojan a la pérdida de la atención requerida, acabando en el aburrimiento. La mayoría de faenas eternas sólo aportan al espectador tedio y distracción, considerando que una abundancia de pases conlleva una faena carente de estructura e ideas. El aficionado debe exigir el justo equilibrio entre la profundidad artística y la duración de la misma.
Antes, cuando el matador recibía un aviso, suponía una vergüenza para su trayectoria, ahora es justamente lo contrario, se ha perdido esa “vergüenza torera” de la que antiguos toreros hacían gala. Los trasteos deben ser intensos, no extensos. Y si bien no podemos poner puertas al campo, si debería el matador cercar aún más el mismo.
“El toreo que llega y emociona a la gente tiene que tener tres cosas: la entrega, dar el pecho al toro y cargar la suerte”
Que interés tiene esta máxima que el maestro Curro Vázquez nos dejó, son tres términos que combinan elementos de técnica torera. La importancia del compromiso y la actitud del torero; la muestra de valor al encarar al toro ofreciendo el pecho, que representa la firmeza al enfrentarse a el; y el término tan debatido y discutido, hay opiniones para todos los gustos, de “cargar la suerte”, es decir, adelantar la pierna contraria en el embroque, poniendo el torero su peso en ella, para atraer y describir una curva, llevando al toro alrededor de la cintura del matador y logrando que la res desvíe su trayectoria rectilínea en un movimiento circular. Esto genera una tetralogía de valores taurinos: mando, técnica, emoción y estética. El más puro clasicismo.
Decía D. José María de Cossio en 1947: “el toro va por su camino mientras el diestro presencia su paso”; al toro de hoy en día ya lo ha dominado el ganadero con la selección y por tanto si lo toreas obligándolo y rematando en la cadera no dura más de una veintena de pases, lo destroncas, por lo que buscando la duración y estética del toreo se ha perdido la emoción, el riesgo, la hondura, en definitiva se ha perdido el “toreo de verdad”.
En unos momentos como los que vivimos, que en el transcurso de una larga faena, el diestro “destorea”, es decir sus pases son rectilíneos y sin exposición, donde se torea de perfil, de media cara, de medio lance, es cuando los apuntes del matador de Linares, son un acicate para el aficionado.
“Aunque vayan cambiando cosas, lo clásico debe perdurar”
A pesar de los cambios de reglamentación y los impulsos sociales a lo largo de la historia, el clasicismo en la tauromaquia debe conservarse, pues lo clásico representa la tradición, es el elemento ritual que subyace en la esencia cultural de la misma. El preservar los elementos clásicos la hacen única, debiendo, eso si, adaptarse a los gustos del momento. Ello nos lleva a la conservación de la ceremonia con sus ritos y tradiciones y sin lugar a dudas al respeto al toro, eje de la tauromaquia, patrimonio cultural español.