DETALLES DEL FESTEJO
Plaza de Toros Las Ventas
Plaza de Toros de Madrid. 25 de mayo. Decimoquinta corrida de abono de la Feria de San Isidro. Casi lleno. Toros de Fuente Ymbro, correctos de presentación, mansos y deslucidos a excepción de quinto y sexto.
Curro Díaz: estocada baja (silencio); pinchazo y bajonazo (silencio).
Román: tres pinchazos – aviso – estocada (silencio); pinchazo, media atravesada y rueda de peones (oreja con algunas protestas).
Diego San Román: -aviso-, estocada (saludos); estocada delantera (saludos).
Presidente: J. Antonio Rodríguez San Román. Correcta actuación sin demasiadas complicaciones, aunque quizá no debió conceder la oreja en el quinto con un pinchazo y una media estocada atravesada, con una más que dudosa mayoritaria petición.
La segunda comparecencia de la ganadería Fuente Ymbro en esta Feria de San Isidro se saldó con mejor resultado que la primera, si bien hasta el quinto transcurría igual de anodina que aquella. Hubo de saltar a la arena “Comisario”, un quinto bueno, para despertar del letargo a los aficionados. El toro destacó por su prontitud, galope y nobleza en los engaños, a los que acudía presto desde las largas distancias en las que Román le citaba, lo cual contribuyó a la emoción en los tendidos. Ahora bien, pese a lucirle, no anduvo a la altura el matador de este “Comisario”, pues la faena fue irregular y en algunas tandas faltó ajuste, así como series más largas. No obstante, también hubo algún muletazo estimable cuando conseguía bajarle la mano y llevar toreada la embestida, y las ajustadísimas bernadinas finales terminaron de entusiasmar al público. No mató bien a tan buen toro, lo que hace que el premio de la oreja se antojara algo excesivo.
Confirmaba la alternativa el mexicano Diego San Román, el cual no pisaba esta plaza desde 2019 como novillero, donde dejó una grata impresión por su valor y pundonor, como así lo hizo en esta ocasión. Tuvo una confirmación más que digna el toricantano, especialmente en el sexto de la tarde. Fue un animal encastado y peligroso que se revolvía en un palmo, al que San Román le planteó la pelea en los medios y al natural prácticamente desde el inicio. Valerosa fue la faena, a la que faltó temple y otras virtudes que se le disculpan al novel torero en tierras españolas por lo incipiente de su carrera como matador y las dificultades del astado.
Volvía Curro Díaz a San Isidro tras varios años de ausencia, y seguro que esta vuelta no fue como él hubiera soñado, pues quedó casi inédito. Le tocó el peor lote, deslucido y parado, con el que el veterano diestro linarense solo pudo justificarse.
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