España como firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño, ha pasado estos días examen en el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, ubicado en Ginebra.
Este Comité y sus 18 expertos han reprendido a España, por segunda vez, ya lo había hecho hace ocho años, por permitir la participación de menores de edad en espectáculos taurinos y en la caza, alegando que no se puede permitir la “…participación de niñas, niños y adolescentes en eventos que incluyan violencia hacia los animales”.
Dos de sus expertos y miembros del Comité, Bragi Gudbrandsson, activista islandés, creador del Modelo Barnahus de atención a niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia y abuso sexual, y Susanne Aho, ex ministro de Salud de Togo, resuelta defensora de la abolición universal de la maternidad subrogada, alegan que existen “pruebas irrefutables científicas que vinculan la normalización de la violencia con la exposición a los niños a cualquier forma de crueldad contra los animales”. La Sra. Aho no solo aboga por limitar los contenidos audiovisuales a los menores, sino que los equipara a las escuelas taurinas, preocupándose por las “consecuencias psicológicas” que estas puedan tener.
Recomiendan a España que se prohíba la participación y asistencia de menores de 18 años a los espectáculos taurinos, no solo como participantes sino hasta como público, para evitar posibles efectos psíquicos.“Ver tanta sangre, la muerte de tantos animales; temo que esto pueda afectar a la salud mental”. Alertan de un “mayor riesgo de suicidio adolescente”. Buscando la comodidad de cubrir el expediente con populismo y demagogias, el Ministerio de Juventud e Infancia del actual gobierno progresista de nuestro Estado liderado por Doña Sira Abed Rego, se ha excusado ante el Comité informando estar preparando la reforma de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), con planes para restringir o directamente prohibir la presencia de “menores de edad en actividades, eventos o espectáculos en los que se ejerza violencia ya sea contra las personas o ya sea contra los animales”. Abusos, arbitrariedades y autoritarismo, por parte de nuestros representantes.
Tenemos que tener en cuenta que el título VIII de nuestra Constitución, no preveía la lealtad e igualdad de los distintos gobiernos, Central, Autonómico y Local, con sus ciudadanos, con todos y cada uno de sus ciudadanos.
A todo aquel que siga la evolución político-social de nuestro país, nada de esto le resulta extraño. Nuestra clase política lleva sacudiendo al medio rural y en especial a la tauromaquia desde hace cincuenta años, sin atender a su histórico arraigo social, su tradición histórica y el patrimonio cultural de la misma; prohibir a los menores de edad participar en ella rompería la transmisión generacional de un universo simbólico, ritual y estético que se aprende y disfruta en torno a la familia.
En la sociedad en la que nos encontramos, con violencias normalizadas en los medios de comunicación, las redes sociales, la televisión, el cine, los videojuegos, podemos considerar discriminatorio las restricciones que se pretenden a la tauromaquia, pues la corrida de toros no es violencia gratuita, sino un espectáculo reglado, con normas, códigos, riesgos compartidos y una ética propia, que intrínsecamente trasmite la no normalización de la violencia. La corrida tiene como base estructura y procedimiento.
La tauromaquia siempre ha personificado un ejercicio de libertades fundamentales. Su identidad representa no solo un bien de enorme riqueza cultural sino que asume en exclusiva la responsabilidad y defensa del principal protagonista que le da sentido, el toro de lidia.
Al toro de lidia no se le produce un dolor físico grave, “gracias a su capacidad de producir beta endorfinas y en menor medida metaencefalinas, sustancias opiáceas que reducen, no solo el dolor, sino también el estrés” (Julio Fernández Sanz – Descubriendo al toro de lidia, pág. 165 2021), la prueba de ello para el espectador, es que sigue embistiendo y acometiendo; se le aplica castigo para su estímulo buscando su innata respuesta agresiva. En la naturaleza del toro de lidia está su acometividad, es su función, pues este está seleccionando y criado para ser lidiado en las calles o en las plazas.
No todos los animales pueden ni deben ser mascotas, ni mucho menos ser tratados como tales. Tratar a los animales como si fuesen humanos no es darles un trato respetuoso, es aceptar que lo que es necesario para las personas lo es también para los animales, pues dar un trato humano a los animales o compararlos con el humano es atentar contra su naturaleza, es negar su animalidad. La afición taurina no es torturadora, ni se complace en el sufrimiento, pues como seres conscientes que somos aplicamos los usos y reglas que con el paso de los tiempos, junto a la ética hemos heredado a través de nuestros antepasados, y no somos necesariamente más violentos que los antitaurinos.
Debemos apoyarnos en nuestra historia y exigir que nos dejen en paz a los que nos gusta el toreo. ¿Qué necesidad hay de esta guerra?.
Políticos incultos y sectarios metiendo la mano en nuestros gustos y tradiciones. No es que se deba hacer caso de los supuestamente bien intencionados informes que advierten de los supuestos peligros, se trata de asegurar la libertad y calidad de nuestra sociedad.
Y si a alguien no le gusta, tiene la total libertad para no asistir a su expresión. No se trata de arreglar sobre el papel y superar el trámite de la resolución del Comité. Las instituciones españolas deberían estar diseñadas para asegurar el libre albedrío de sus ciudadanos, de asegurar la libertad de pensamiento y obra de cada uno.
Si proponemos socialmente el derecho de los progenitores a educar a sus hijos según sus convenciones religiosas, culturales o estéticas, no podemos consentir que el Estado se inmiscuya en sus asuntos. En España no existe prohibición específica de acceso a las actividades taurinas por edad. Vascongadas, Cantabria y Baleares permiten el acceso a menores de 16 años siempre que vayan acompañados por un adulto, en Galicia se prohíbe la asistencia a menores de 12 años a espectáculos taurinos. El diseño del poder territorial en nuestro país es manifiestamente imperfecto, pero no solamente tenemos que intentar sortear esta cuestión expansiva de los poderes subestatales, sino que también tenemos que hacer frente a los supraestatales, que intentan acorralarnos con sus ideologías seudopaternalistas.
Estos cambios aunque nos parezcan súbitos, breves y puntuales terminan por ser profundos y nos alteran los habituales escenarios establecidos por nuestras tradiciones. Estamos viviendo una época de nuestra existencia en la que nuestra sociedad adolece de la responsabilidad debida, y últimamente se ha convertido en un campo de fricción entre protección a la infancia, derechos culturales y libertad de las familias.
Tenemos lo que nos merecemos porque no sabemos defender lo básico.
Francisco Javier Píriz Collado
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid
Madrid, 26 de enero de 2026