Toros para antitaurinos, un gran libro con un enorme borrón
Me lo regaló mi reciente e inesperado amigo José Antonio Saúco por ayudarle a editar sus memorias sobre caza de perdiz con reclamo. Conocedor de mi afición, me aseguraba que yo no podía dejar de tener todo un señor tomo de 800 páginas y kilo y medio al peso en 3.ª edición. Muy atractivo, de ‘aceptable’ manejo y bien encuadernado, va ilustrado por el propio autor, exitoso novelista, articulista y escritor. Para antitaurinos no sé si será útil, pero lo es, y mucho, para taurinos. A medida que avanzo refuerzo la idea de nominarlo al Premio Nacional de Tauromaquia.
Nada de lo anotado impide que le dirija serios reproches tras descubrir un error mayúsculo en la nota 215, que trascribo casi entera porque en su literalidad la comentará por sí sola cualquier lector imparcial. No es afortunada en modo alguno ni se atiene a hechos reales. Esto dice:
«En el 7 de Las Ventas, en sus gradas y andanadas, así como en las del 6 y el 8, están estratégicamente sentados una serie de abonados (casi todos miembros de la Asociación El Toro de Madrid) que se empeñan en “reventar” muchas tardes. Para ello utilizan proclamas previamente asignadas, con las que atacan de manera cansina a la empresa gestora, a los presidentes, a determinados ganaderos y toreros por los que sienten ojeriza y a novilleros, así como a los picadores y aficionados de todos los tendidos (a los del 5 y 6 los vejan con el apelativo “tarteras” y a los de sombra con “los del clavel”), atribuyéndose la exclusividad del conocimiento del toro, el caballo de picar y las reglas y costumbres de tauromaquia. Han hecho habitual, antes del paseíllo, la exposición de pancartas, impresas en sábanas viejas, con leyendas que repiten una y otra vez, y se congratulan de ser reconocidos, incluso con sus nombres y alias, como si fuesen protagonistas principales del espectáculo. Sus gritos destemplados reciben un coro de aplausos por sus adláteres, a los que obligan a repetir la misma cantinela hasta la saciedad. Entre ellos se reconocen por el tono de voz, y no toleran que otros abonados y espectadores les exijan que interrumpan sus protestas o las aparquen hasta que el toro muera, momento para que el público manifieste su acuerdo o desacuerdo ante lo sucedido. Poco les importa la voluntad de la mayoría, así como el hundimiento de la carrera de un novillero o matador. Igual que aúpan a un modesto, hacen lo posible para desbaratar su carrera si consigue hacerse figura. Quienes hacen cabeza imponen a sus conmilitones que colaboren activamente durante la tarde para impedir el triunfo de determinados toreros e incluso para formar una escandalera del primero al último de los toros, hasta hundir la corrida. Asombra que la empresa adjudicataria o el CAT de la Comunidad no ejerzan con ellos el derecho de admisión, que el presidente no les aplique el reglamento o no intervengan los encargados de la seguridad o la PN, porque la mayoría ha pagado también su localidad y tiene derecho al espectáculo sin la molestia de los reventadores. Además, así se prevendría la posibilidad cada vez más cierta de un altercado violento».
¡Ahí queda eso! No puede surgir mejor oportunidad para usar nuestro dicho en todo el sentido antónimo que imaginar quepa. Ni cabe mejor réplica que no hacer ninguna. ¡Vaya tandas de disparates y veredictos apodícticos! No es que haya inexactitudes y acusaciones gratuitas, es que buena parte de lo escrito raya, si no invade, el descabello y el esperpento; como si no se hablara en serio.
Aclaro que no pertenezco a la Asociación grotescamente atacada, aunque desde mi andanada 3 comparta su defensa del toro que engrandece la lidia e infunde respeto a los toreros, su valor y su valía. Por ningún sitio se vive un espíritu taurino tan noble como el de ellos en coloquios, publicaciones, visitas a ganaderías y resto de actividades: presencia en foros, clubes o programas de radio en Madrid y plazas principales. Un puñado de románticos a extinguir que dedican tiempo, trabajo y dinero a mantener la dignidad de Las Ventas, hoy hecha un antro fuera y dentro de la zona del espectáculo y en patios, pasillos y terrazas con escandaleras de botellódromo e impropia música atronadora rociada con alcohol a granel, sin una pizca de escrúpulo empresarial, muy arropado por las autoridades que anteponen lo mercantil a lo táurico.
Podría rebatir uno a uno los infundados ataques posibles de individualizar dentro del reproche genérico al golletazo que denuncio, pero necesitaría media revista al ser tantos. Lo someto a juicio de los lectores, que hasta los menos versados verán que se han perdido las formas en el embate, aunque no dejaré de apostillar lo que raya en la simple bobería: la Asociación injuriada cuenta con 190 asociados y el tendido 7, incluyendo grada y andanada, admite 2300. Suponiendo que todos los socios asistan, como nunca pasa, y que todos se acomoden en el 7, lo que de ninguna forma ocurre, diseminados como están en base a gustos y precios, ¿cuántos irían a ese tendido? Esto no es opinion, es aritmética. Y nos pone sobre la pista de la credibilidad que no merece la lamentable crítica que censuro como grave error del gran libro que sigo leyendo con delectación, y ya voy por la mitad. Una triste pena este borrón en la página 212, que pudo fijarse en otras perversiones, ilegalidades y corruptelas imperantes en Las Ventas por intereses de variado tipo, nunca tan nobles como el móvil de la pasional afición que guía al público exigente de Madrid, de ninguna manera limitado a los doscientos socios de El Toro y con ellos identificado en reivindicaciones, sugerencias y quejas.
Eduardo Coca Vita, abonado de andanada 3 en Las Ventas