
Texto: Pepeíllo .7 diciembre de 2013.
Fue un día completo de toros. Todo comenzó a primeras horas de la mañana de un día frío. Todos, sin excepción, acudimos a la cita en la estación de Atocha, para tomar el AVE a las siete y media de la mañana. Todos cumplieron con la cita y todo salió según lo previsto; Roberto y Esther, organizadores del evento, se encargaron de ello y como la virtud de este medio de transporte es la exactitud, con el fin de que no ocurriera ninguna anomalía, citaron a los viajeros a las siete de la mañana. Ya en el tren, todas las conversaciones giraban alrededor del mundo del toro.
Dos horas y media después, en la estación de Santa Justa de Sevilla nos esperaba un autobús que nos desplazaría a la finca, denominada La Navarra, en el término de Castillo de las Guardas, casi lindando con la provincia de Huelva. a la cual llegamos una hora más tarde. Todos estábamos impacientes, debido a que deseábamos que la función comenzara cuanto antes. Para la tienta que el ganadero tenía programada, estaba anunciada inicialmente la presencia de Paco Ureña, pero un percance en días anteriores frustró su participación. La sustitución no se hizo esperar y fue el gran torero jienense Curro Díaz, quien se vestiría de corto para tal evento, acompañado del novillero Gonzalo Caballero y un grupo de jóvenes aspirantes de la zona. No le deseábamos a Ureña el contratiempo pero, como dijo un miembro del grupo, el cambio fue del gusto de Madrid.
Después de un tentempié servido con un vino tonificante que hizo olvidar el madrugón al que habíamos sometido a nuestros cuerpos y de echar una mirada, una vez más, a las fantásticas vistas que se ofrecían desde la casa, situada en un altozano, desde donde podían contemplarse los distintos cercados y en cada uno de ellos el ganado correspondiente, nos fuimos acomodando en la placita de tientas a la espera de que los ganaderos dieran la orden para que comenzara el tentadero. El silencio era sepulcral, roto solamente por los alientos y voces de los participantes, con el ganadero dando las órdenes oportunas para los cambios de tercio, que eran llevados a la práctica sin objeción alguna.
Se probaron seis eralas y la duración fue como una corrida de toros, aproximadamente unas dos horas y aunque el sol apretaba de lo lindo, pues hizo un día espléndido en el invierno sevillano, todos aguantamos el envite sin movernos un ápice. El juego ofrecido por las eralas fue variado, no brillando mucho en varas aunque todas mostraron una gran clase en la muleta, lo que los toreros aprovecharon para lucir sus cualidades. Durante la lidia de una de ellas, Curro Díaz sufrió un percance, recibiendo un golpe en la cabeza, pero afortunadamente se repuso sin problemas. Según nos explicó posteriormente el torero, la vaca al parecer se deslumbró al pasar del sol a la sombra. En algunas de ellas su toreo llegó a alcanzar altísimas cotas artísticas y de sentimiento y los aficionados tuvimos que tragarnos los olés ya que, en caso contrario, nos hubiésemos saltado las normas que deben imperar en estas labores camperas aunque, eso sí, algún escalofrío nos recorrió el espinazo. Fue un escándalo lo de Curro y su muleta. Sin embargo, al final, como muestra de la severidad del tentadero, el propio ganadero nos confirmó que no había aprobado a ninguna erala.
Más tarde, durante la comida, alguien apuntó que alguna faena llevada a cabo por el torero de Linares podía haber sido premiada con las dos orejas, añadiendo que este torero es uno de los pocos de la actualidad que reúne condiciones para poder cortar un rabo en Las Ventas. El día que toree como hoy delante de un toro, seguro que lo corta, añadimos.
Durante la tienta, la familia del ganadero se había preocupado de la preparación de la mesa donde íbamos a reunirnos todos a compartir mesa y mantel. Era tanta la emoción que nadie se había imaginado el tipo de comida que nos ofrecería el anfitrión. La sorpresa fue mayúscula, la cocinera había preparado un cocido de garbanzos...al estilo malagueño. Muchos de los asistentes se sintieron como Curro Romero, cuando visitaba esta finca días antes de torear en La Maestranza, comía sus garbanzos... y eso solía darle suerte. Todo lo de aquel día fueron detalles inolvidables e intentar destacar alguno es imposible. Y hasta tuvimos la suerte de compartir con Curro Díaz una gratificante tertulia durante y después de la comida, donde fue soportando pacientemente todas las curiosidades que le planteaban los aficionados que le rodeaban. Uno de los asistentes le preguntó cuál era el peor momento después de una tarde aciaga. El torero contestó sin dudar que lo peor era la soledad del hotel, donde sólo estaba su padre, sin embargo cuando triunfaba no cabía un alfiler en la habitación.
Después de la comida los ganaderos nos fueron dando todo tipo de detalles respecto a la historia de la finca, los nombres de La Navarra Baja y Alta, rodeadas de dehesas de ganado bravo, los Osborne, la Dehesa del Puerto del Acebuche, Gabriel Rojas, Antonio Ruiz “Espartaco”… Esta finca tiene una larga historia de ganaderos que han pasado por sus tierras, Carlos Urquijo y los murubes, El Niño de la Capea y Sánchez Ibargüen, a quien nuestro anfitrión ganadero le compró la finca. Faltaba solamente visitar el ganado, aunque este hecho perturbara su tranquilidad. Para ello nos instalaron en el remolque de un gran camión (procedente de los antiguos marines USA) y fuimos visitando a los utreros, erales y sementales (a éstos daba miedo contemplarlos desde lo alto del camión, algunos con más de diez años). También pudimos ver de cerca las corridas que el ganadero tenía apartadas para Sevilla y Madrid para la próxima temporada, destacando el trapío de estos animales, sobre todo los de Las Ventas y eso que aún les quedan más de cinco meses para su lidia. Con respecto a esta corrida, el ganadero hizo el comentario de que esperaba que los empresarios de Madrid no rompieran el compromiso adquirido de que sería lidiada en la feria de San Isidro, como así ocurrió en la temporada pasada.
La tarde comenzaba a declinar, los verdes comenzaban a hacerse grises y la penumbra indicaba el fin de la jornada, fue una pena, pero así tenía que ser. Los aficionados comenzamos a tomar el camino del autobús que nos llevaría de nuevo a la capital hispalense para regresar en el AVE, pero aún nos esperaba una visita panorámica de esta encantadora cuidad, donde tuvimos incluso algunos minutos para pasear por la plaza de España, en una palabra, un día taurino de auténtico lujo, inolvidable por tantos detalles... Gracias ganaderos y mucha suerte para el futuro.
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